En Vídeo
En imágenes
Que la situación económica ha cambiado es una realidad, y que algunos se resisten a aceptarlo también. Los tiempos de bonanza, lujo y despilfarro se han fugado dando paso a una situación que algunos se niegan a aceptar. Quizá por eso hoy, los amigos de lo ajeno están más presentes que nunca.
En los últimos años ha aumentado el número de hurtos en los centros comerciales y una de las posibles razones de este incremento es, sin duda, la crisis. La difícil situación por la que atraviesan muchas familias lleva en ocasiones a alguno de sus miembros a delinquir. Los pequeños caprichos que antes se podían permitir sin ningún problema suponen ahora trastocar el presupuesto mensual, pero bajar del tren de vida al que hace unos años muchos se subieron, cuesta. De hecho, mantener el estatus para que los amigos no se den cuenta de la situación por la que atraviesan, es una excusa a la que muchos aluden cuando son sorprendidos, pero no la principal.
Según los servicios de seguridad de los centros comerciales consultados, los desequilibrios emocionales son la primera causa que lleva a cometer robos en estos establecimientos. «Cuando les sorprendemos, la mayoría se ponen a llorar y ni siquiera son capaces de darnos una explicación lógica de por qué lo han hecho. Por eso intentamos no juzgar a la persona que tenemos enfrente, no sabemos qué le ha llevado a cometer ese acto». Otros, sin embargo, «nos insultan y dicen que estamos mintiendo, que el producto es suyo, aunque los hechos e imágenes demuestren lo contrario», señala uno de los jefes de seguridad entrevistados por 'La Verdad'. Para estos profesionales que velan por la normalidad es muy fácil diferenciar entre una persona que padece algún tipo de trastorno, los que roban por probar y los delincuentes profesionales.
De estos últimos señalan que van con la lección bien aprendida; saben qué tienen que decir y cómo se deben comportar en cada momento en la sala de intervenciones.
El principal problema al que se enfrentan estos servicios de seguridad es que no hay un perfil definido de ladrón; por eso, extreman las medidas de vigilancia y no se dejan llevar por las apariencias. Aunque a partir de la experiencia de las intervenciones practicadas señalan que se puede diferenciar entre dos perfiles. En primer lugar, suelen ser mujeres, de 30 a 40 años y con algún problema emocional, quienes cometen el mayor número de hurtos en centros comerciales. En cambio, el perfil de quien lo hace en hipermercados es, según fuentes consultadas, imposible de definir, porque se practican intervenciones a diario a personas de diferentes edades, sexo y nacionalidad.
La sustracción por parte de menores, según apuntan estas fuentes, ha disminuido en los últimos años, aunque suele aumentar en los periodos vacacionales de Navidad, Semana Santa y verano. En cuanto a los profesionales del hurto, el perfil más común lo representa un varón de mediana edad, multirreincidente y que no limita su actuación a una única ciudad.
La línea que va entre falta y delito
Los ladrones profesionales suelen conocer muy bien la legislación vigente; por eso, son muy cautos a la hora de cometer el robo. «Una vez sorprendimos a una banda que robaba de 200 en 200 euros. Sustraían la mercancía de los establecimientos y la depositaban en el maletero del coche que tenían en el parking, de este modo si los pillábamos, era una falta, no un delito, porque nunca llevaban más de 200 euros encima», apuntan. Cuatrocientos euros es el límite que convierte la falta en delito; por eso los ladrones sustraen productos de un importe inferior a esta cantidad.
Pagar los comestibles
Una práctica habitual según los servicios de seguridad entrevistados es que los clientes pasen por caja para abonar el importe de productos comestibles e intenten sustraer aquellos artículos no considerados como esenciales, tales como productos electrónicos o de maquillaje y cosmética.
Pero a estos responsables de la seguridad, pocas cosas les sorprenden a estas alturas. Uno de ellos contaba que «lo más curioso que he visto en los años que llevo de profesión ha sido a una señora envolver un cochinillo en una toquilla de bebé, cogerlo en brazos, ponerlo en su hombro, e intentar salir con él por la salida sin compra». Sin duda, ingenio en estado puro. Más información en laverdad.es




