Sociedad

Sociedad / ESTUDIO DE LA FUNDACIÓN BBVA-IVIE

Más de la mitad de los profesores universitarios no investiga pese a cobrar por ello

«Solo una minoría obtiene resultados regulares», advierte un informe sobre las ineficiencias en las instituciones académicas

Día 17/04/2012 - 21.07h

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«En realidad, solo una minoría del profesorado acredita resultados de investigación con regularidad, como confirman los datos de la Comisión Nacional de Evalucaión de Actividad Investigadora». Esta es una de las conclusiones de un estudio de la Fundación BBVA-Ivie que alerta de las «ineficiencias» en las universidades españolas.

El informe, titulado «Universidad, universitarios y productividad en España» y dirigido por Francisco Pérez, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia y director de investigación del Ivie (Instituto Valenciano de Investigación), se hace público poco después de que el Gobierno haya creado una comisión de expertos a la que ha dado seis meses para que eleve sus recomendaciones para una futura reforma universitaria.

El documento concluye que «la investigación no es cosa de todos» a pesar de que «todos disponen de tiempo retribuido para desarrollarla», ya que los resultados «los obtiene sobre todo una parte del profesorado y las universidades». «Hasta 2009 -explica- solo uno de cada cinco profesores tenía reconocidos todos los tramos de investigación (conocidos como sexenios) que podía obtener y (..) en conjunto solo se habían reconocido el 43,7% de los sexenios potenciales». De este modo, continúa, «la mayor parte del profesorado no alcanza ese reconocimiento por su productividad investigadora ni responde a los incentivos profesionales y económicos que el mismo ofrece».

De acuerdo con los datos recogidos, solo el 69,5% de los catedráticos y el 40,6% de los titulares de universidad investigan regularmente y apenas lo hacen unos pocos de escuela universitaria. A la vista de estos datos el estudio señala la necesidad de «revisar la idea de que todo el profesorado estable realiza tanto actividades docentes como de investigación, y la importancia de asignar las tareas reconociendo la actividad efectiva de cada persona y evaluar sus resultados».

Tampoco todas las universidades investigan por igual. Un grupo de 18 universidades públicas en las que estudia el 36% del alumnado lleva a cabo más de la mitad de la producción científica mientras que, en el otro extremo, 18 universidades públicas forman a otro tercio de los estudiantes pero apenas producen el 20% de los trabajos publicados. El estudio explica que el mismo patrón se reproduce en Europa y Estados Unidos, y de forma más acentuada, mientras que en España todas las universidades se gobiernan «con un mismo patrón a pesar de que de facto sus actividades son distintas».

Solo un 13,1% de las patentes

En cuanto a la producción de documentos científicos, en una década ha aumentado en más del doble y su calidad también ha mejorado sustancialmente, señala el informe. Sin embargo, a pesar de que las universidades representan cerca del 75% de la producción científica española -un porcentaje mucho mayor que el que suponen en el gasto o en el personal dedicado a I+D (28,6% y 37,5% respectivamente en 2010)-, solo representan el 13,1% de las patentes. En este sentido, el estudio indica que «una de las mayores debilidades de la universidad se encuentra en las actividades de investigación aplicada y transferencia tecnológica», una circunstancia que «limita sus posibilidades de contribuir a la transformación del tejido productivo».

El estudio advierte también que en los últimos años los puestos del profesorado se han ocupado en gran medida por personas formadas en la propia universidad contratante, «en detrimento de la movilidad y la apertura de las plazas a una competencia efectiva», lo que ha dado como resultado en bastantes ocasiones que se consolida como profesores permanentes «a personas que después desarrollan pobres trayectorias de investigación». A juicio de los autores, «esta realidad pone de manifiesto importantes fallos en la selección del profesorado y/o en el funcionamiento y control del rendimiento dentro de las universidades» y sugiere «replantearse los criterios de selección y evaluación, adecuarlos a la intensidad de la especialización docente e investigadora del profesorado y aplicarlos atendiendo a los resultados».

Por otra parte, pone de manifiesto los «preocupantes desajustes que existen debido a los excesos de oferta o de demanda permanentes de algunas titulaciones». En este sentido, aunque el tamaño medio de los primeros cursos de las titulaciones de grado ofrecidas en las distintas universidades públicas y privadas en el curso 2009-10 era de 94 alumnos, en un 29% de las mismas el número de estudiantes era inferior a 40.

Asimismo, se alerta de que la colaboración internacional, aunque es del 43,7%, es diez puntos inferior a la media de la UE, siendo las más internacionalizadas son las más orientadas a la investigación.

Titulados «mileuristas» solo al principio

Desmitificando algunos tópicos, el estudio también asevera que «el nivel educativo de una persona tiene un efecto positivo y sistemáticamente creciente en la posibilidad de ser activo, estar ocupado y tener un empleo estable», aunque hay importantes diferencias en función del tipo de formación. Un graduado en el área de Ciencias tiene una probabilidad de ser activo 6,8 puntos porcentuales mayor que un graduado en Humanidades y la diferencia crece hasta 7,2 puntos en el caso de las Ciencias Jurídicas o Sociales, 5,5 puntos para las Ingenierías y otros estudios técnicos y 17,5 puntos para Ciencias de la Salud, explica.

Además, sobre los universitarios «mileuristas», advierte de que solo lo son «al principio». «La prima salarial asociada a una titulación superior es muy importante pero tarda bastante tiempo en manifestarse plenamente», explica, de modo que «el salario de los universitarios más jóvenes no es muy diferente del que corresponde a trabajadores de esa edad con menor formación», mientras que el de los universitarios de 50 años «multiplican entre tres y cuatro veces los de los recién titulados, unos incrementos muy superiores a los que se observan en el resto de los trabajadores».

Incide también en el hecho de que el paso por la universidad no favorece los perfiles emprendedores, algo que «puede deberse a que la formación universitaria no prepara específicamente para esas vocaciones», aunque también a que «parte de los emprendedores no consideran necesario acreditar conocimientos univesritarios porque no van a ser contratados, sino que van a crear su propio negocio o a trabajar en la empresa de su familia».

El estudio se fija también en la formación continua, que «resulta muy relevante para hacer efectivo el potencial de productividad ocupacional y salarial de la enseñanza universitaria». Un titulado español dedica a 3.000 horas a formación continua, tantas como se emplean en asistir a clase en una licenciatura de cinco años, comenta.

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