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Jo Nesbo, geografía negra de Oslo

Día 11/04/2012 - 11.38h
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RBA publica «El redentor», del autor noruego de novela negra más vendido en el mundo

La fotógrafa observa al escritor encapuchado con sus ojos, tan grises como el cielo que se desploma sobre Oslo. La furgoneta nos conduce hasta el restaurante de Ekeberg, privilegiado mirador que Jo Nesbo (Oslo, 1959) asocia a su formación sentimental y que acostumbra a frecuentar su criatura literaria, el detective Harry Hole.

El restaurante, de estilo racionalista, se construyó en los años treinta y durante un tiempo fue lugar de encuentro de gente marginal. Desde la altura, se divisa Oslo: 600.000 habitantes. La ciudad negra que inspiró a Nesbo la primera novela del policía Harry. Desde 1997 ha vendido más de cinco millones de ejemplares y se codea con Michael Connelly, Dennis Lehane y Ian Rankin. RBA lo dio a conocer en España con «Petirrojo», a la que siguió «Némesis» y «La estrella del diablo». Acaba de publicar «El redentor» y sus seguidores ya aguardan «The Snowman» (El hombre de nieve), saludada por la crítica internacional como la más escalofriante de la serie.

En «Petirrojo», Nesbo se metía en la piel de Hole para afrontar el vidrioso episodio de su padre, uno de los miles de noruegos que se alistaron en los batallones de Hitler. En ese policía bebedor, perdedor en el escalafón funcionarial, heterodoxo, adicto al trabajo y con una precaria vida sentimental subyace una elevada noción de la justicia: un personaje ibseniano con trazas de Clint Eastwood.

En «El redentor», Nesbo nos habla sobre la venganza aplazada en el tiempo y su culminación por un asesino a sueldo, excombatiente de la ex Yugoslavia. La problemática ecuación entre la pulsión emocional de la Ley del Talión y la tasación del delito por el estado de Derecho. A Nesbo le obsesiona la genealogía del mal: cómo se pasa de la maldad pasiva al placer del mal. «Me interesa la perversión del ser humano. Aquel que se aprovecha de una situación límite». Entre Rousseau y Hobbes apuesta, sin dudarlo, por el de «Leviatán»: «¡Soy un hincha de Hobbes!», proclama.

La temperatura se ha recuperado en Oslo. Nos refugiamos en la furgo rumbo al centro. Pasamos ante la Comisaría de Policía (Politihuset), muy cerca de la prisión y el cementerio donde descansan muchos policías. La comisaría es un edificio años sesenta, entonces moderno y ahora muy feo: «En la zona roja de la sexta planta de la Comisaría General, en el interior del coloso de hormigón y cristal que acogía la mayor concentración de policías de Noruega, estaba Harry en su silla de la oficina 605», escribe en «El redentor».

El método Harry Hole

Acompañan al detective las únicas tres personas amistosas en una sección donde no es apreciado: su jefe, Bjarne Moller, el agente Lavorsen y Beate Lonn, policía científica. El método Harry Hole: «Antes de entrar en la escena del crimen, debes vaciar la cabeza de todo pensamiento, transformarte en un recién nacido, sin lenguaje y abrirte a la primera impresión, que es sagrada…». El conflicto con los protocolos legales está asegurado.

Jo Nesbo, geografía negra de Oslo
ABC
Cubierta de «El redentor»

¿Y qué investiga la policía de Oslo? Droga y prostitución. En los años veinte, Noruega era uno de los países más pobres de Europa, como demuestra la humildad arquitectónica del Palacio Real y el Parlamento. En «El redentor», Nesbo describe el palacio como «un edificio amarillo y anónimo, un compromiso entre una democracia pietista y una monarquía pobre».

Desde los ochenta, cuando la explotación petrolera puso en la cúspide la renta per cápita noruega, la droga invadió el gélido país. Al llegar por tren desde el aeropuerto, lo primero que uno ve en la plaza de la estación central es el trapicheo de heroína. En Akerselva, junto al río, los subsaharianos venden hachís bajo los puentes; muy cerca del lujoso hotel Radisson: treinta y cinco plantas, el más alto de la ciudad.

Hubo un tiempo en que las autoridades quisieron controlar a los traficantes en una cuadrícula, conocida como Plata. La municipalidad no pudo soportar el espectáculo y el consejero de Asuntos Sociales clausuró la zona. En «El redentor», Nesbo cuestiona la medida: «¿Y permitir que las drogas y el dinero circulasen libremente de mano en mano en el corazón de la capital?» En estos momentos, drogadictos y prostitutas se concentran en la Kuadraturen (Cuadratura), junto al banco de Noruega. El edificio dispone de cámaras de seguridad que hacen más seguro el comercio carnal que las transacciones financieras. El signo de los tiempos.

«El redentor» se desencadena con el asesinato de un miembro del Ejército de Salvación, entidad muy enraizada en Noruega. Paseamos con Nesbo por la Kart Johans Gate (llamada así en honor del rey de Suecia y Noruega). La avenida principal de Oslo, va desde la Estación Central al Castillo Real. Se fotografía con jóvenes del Ejército de Salvación que custodian un caldero donde la gente deposita sus donativos.

El periplo finaliza en el restaurante Bolgen & Moi, donde Nesbo alterna colaciones y escritura. Mientras ataca un plato combinado a la nórdica, nos habla de la adaptación cinematográfica de «El hombre de nieve» por Martin Scorsese: «He dejado la historia en sus manos porque confío en él. A mi generación nos ha influido el cine de Scorsese, Coppola, Leone o Polanski. Su lenguaje visual es para mí la Biblia a la hora de narrar». Salimos del restaurante: las calles son una pista de hielo negro. Hay que aprovechar la luz mortecina hasta las cuatro, cuando cierran las tiendas. Entendemos que Jo Nesbo cite a Ibsen o Kierkegard. El frío noruego invita al recogimiento del encapuchado. Acabamos la tarde en el Nasjonalmueet ante «El grito» de Munch, pintor trágico de la existencia.

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