Mayores

Mayores / amor en la tercera edad

Mayores... y enamorados como niños

Día 26/03/2012 - 17.43h

La capacidad de establecer un vinculo afectivo se mantiene a lo largo de toda la vida, según los expertos

isabel permuy
Antonio y Carmen se conocieron pasados los sesenta y llevan juntos desde hace una década

No importa los años que ponga en el carné de identidad, Cupido puede estar acechando a la vuelta de la esquina. «Envejecer es un proceso que añade años, pero no cambia a las personas. Estas mantienen sus capacidades de sentir, entre ellas, la de vincularse afectivamente a alguien. El enamoramiento, por tanto, puede ocurrir a cualquier edad», explica Marta Torres, consultora independiente especializada en Servicios Sociales y colaboradora habitual de la Comunidad de Madrid. Es más, puntualiza Susana Álvarez, especialista del Centro de Psicología Álava Reyes, «puede ser un momento muy dulce, en el que dos personas se unen sin miedos o complejos tras una vida llena de vivencias que pueden enriquecer su relación. El nivel de satisfacción de la relación vivida en esta etapa puede ser altísimo, llegando a un punto de conexión con el otro y de encuentro muy altos».

Fuera prejuicios

Esto sucede porque con la edad uno se conoce mejor a sí mismo, y la experiencia le lleva a conocer más al otro. «La pareja se focaliza en el presente, en lo que comparten, no en proyectos futuros, pueden descubrirse nuevas formas de comunicación, afecto y sexualidad hasta entonces no experimentadas, y suele haber mucho respeto entorno a costumbres o hábitos de la otra persona, así como a sus circunstancias. Gracias a esto, uno puede convertirse en el soporte o bastón del otro», añade Álvarez. También se priorizan otras cosas. «Ganan fuerza la intimidad y la forma en que se comunican y conectan emocionalmente». En definitiva, es una experiencia que merece la pena ser vivida. Eso sí, es fundamental «tratar de quitarse barreras y prejuicios para poder vivirla plenamente», aconseja.

Porque en ocasiones, según los expertos, se da el caso de que la persona vive esta nueva situación con angustia, culpabilidad e, incluso, en silencio. «Quizás porque no se dan permiso para vivir la experiencia y entregarse, y ni siquiera se atreven a compartirla con el entorno, hijos, familiares, etc.

Frecuentemente encontramos en nuestra consulta que estas dificultades las presentan más las mujeres, fruto de la educación recibida y del rol mantenido hasta el momento de estar por y para otros, siendo a veces invisibles para sí mismas», relata esta especialista. Para ello, esta psicóloga insiste en que todos tenemos derecho a ser felices y a tomar nuestras propias deciones y que la decisión de compartirlo con el entorno está en nosotros mismos. «No hemos de sentirnos obligados. Démonos el permiso para vivirla plenamente y tener ilusiones. La felicidad depende de uno mismo», concluye.

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