Madrid

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Entre 6.000 almendros en flor

Miles de madrileños disfrutaban ayer de la Quinta de los Molinos, un jardín histórico con mucho por descubrir

Día 11/03/2012

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Andrés paseaba ayer por la Quinta de los Molinos absorto, pero con una cara de felicidad envidiable. ¿Viene usted mucho por aquí?, le preguntamos. Se quita los cascos de los oídos y nos dice: «Disculpa, ¿qué me dices? No he oído bien. Estoy escuchando a Vivaldi, que es como hay que disfrutar de este jardín». Cierto.

En medio del estallido de más de 6.000 almendros y de otros tantos cerezos, el sonido de «Las Cuatro Estaciones», la obra del compositor italiano del siglo XVII, debe sonar a gloria. A Andrés le interrumpimos cuando disfrutaba de la Primavera, uno de los cuatro conciertos para violín y orquesta de Antonio Vivaldi.

Con el espléndido día que hizo ayer, este vecino de San Blas quería disfrutar de los otros tres conciertos guardados en su iPhad: Otoño, Invierno y Verano. «Después —añade—, he quedado con mi novia aquí mismo. Tiene guardia en el hospital pero como el parque cierra a las diez de la noche, va a tener tiempo para llegar».

Teresa Aguado y Damián Ayala también son vecinos del barrio del Salvador (San Blas), donde se ubica esta magnífico Jardín Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural.

La pareja está pendiente de sus dos nietos. La niña juega con «play» sentada en uno de los bancos cercanos al Palacete, apuntando hacia la Casa del Reloj. El niño pedalea sin medida en su bici sin temor a salirse del carril diseñado para estos menesteres ciclistas. «Es una maravilla. Es de los parque más bonitos de Madrid. La fama se la lleva el Retiro, pero aquí hay mucho que admirar. Lo malo es que se está corriendo la voz y, ya ves hija, se empieza a llenar de gente», asegura la abuela.

El parque Quinta de los Molinos debe su nombre precisamente a eso, a dos molinos traídos de Estados Unidos en 1920, para extraer agua de regadío. El primer propietario fue el conde Torre Arias. Después, hacia 1920 pasa al arquitecto alicantino César Cort Botí que era profesor de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura, concejal del Ayuntamiento y, además, amigo de Arturo Soria.

Según los relatos oficiales, el núcleo originario de la finca —más de 20 hectáreas—, fue el entorno del Palacete y la zona situada al norte del llamado Camino de Trancos. El resto, es el resultado de varias adquisiciones que hizo César Cort hasta los años 60 del siglo pasado. Jardines y plantaciones de frondosas se crearon con generosidad. En los alrededores de la Casa del Reloj se distribuyeron parcelas escalonadas de huertas o de producción de flores, ornamentos, fuentes, pequeños lagos, muretes y escaleras que separan las distintas zonas de todo el complejo.

En perfecta alineación

Para algunos, la Quinta de los Molinos es un jardín romántico. Para otros, una especie de vergel zen. A Maribel, otra de las que paseaban ayer, le recuerda al Valle del Jerte. Claro. Estaba junto a los maravillosos almendros en flor. Miles. Y perfectamente alineados.

Otro de los motivos para no perderse esta explosión de colores y aromas que hay ahora mismo es el disfrute de sus pinos carrasco,olivos, eucaliptos, cedros; sus rosas, lirios, lilos y artemisas. Verdes, amarillos, violetas, azules y rojos «capitaneados» por ese blanco y rosa de los almendros. Todo un placer para los cinco sentidos. Escuchando a Vivaldi, todavía más.

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