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Sentimientos de rabia, indignación, incredulidad y cierta humillación se mezclan entre los italianos, después de la trágica operación de rescate en Nigeria, en la que murieron un rehén británico y otro italiano. Se trata de Cristopher Mc Manus y Franco Lamolinara, ingenieros secuestrados en mayo de 2011 en la localidad de Birnin Kebbi, en el noroeste del país africano, donde Al Qaida tiene una fuerte presencia y ha reivindicado otros secuestros en el pasado. Los dos rehenes habrían sido asesinados por sus secuestradores, una vez comenzada la operación militar.
El gobierno italiano no fue informado por el británico de su intención de efectuar esa acción militar. El malestar de Roma se refleja en el comunicado hecho público por el primer ministro, Mario Monti, quien fue informado «a posteriori» por su homólogo británico, David Cameron: La operación militar se realizó «autónomamente por las autoridades nigerianas, con el apoyo británico, informando a las autoridades italianas solamente con la acción en marcha».
Confirmando la irritación del gobierno italiano, y como reflejo de la tensión entre Roma y Londres, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ha manifestado: «Es inexplicable el comportamiento del gobierno inglés, que no ha informado y consultado a Italia. Es necesaria una aclaración en el plano político y diplomático».
Partidaria de negociar
La versión de Londres es diferente. El gobierno británico afirma que «Roma tenía conocimiento de la operación». El que haya dos versiones contrapuestas puede estar motivado por la necesidad de sus gobiernos de dar respuestas a dos opiniones públicas diversas. La irritación de los medios italianos se refleja, por ejemplo, en un comentario del «Corriere della Sera», que en primera página titula: «Inaceptable bofetón. Y las excusas no bastan».
La tensión entre Londres y Roma pone de manifiesto la distancia y diferencias que existen entre Italia y algunos de sus aliados, como Gran Bretaña y Estados Unidos, en relación con secuestro de sus connacionales. Italia se ha mostrado siempre propensa a negociar con los secuestradores, aunque a menudo lo niegue en publico, con el fin de lograr la liberación de los rehenes. En cambio, Londres y Washington plantean frente a la opinión pública una línea de dureza e intransigencia con los secuestradores, aunque no siempre haya sido así.















