¿Es lícito fomentar la hambruna para finiquitar a un dictador? En Malawi, la respuesta no es fácil.
En la última semana, el presidente malauí -Bingu wa Mutharika- ha elevado la tensión diplomática en la región al acusar a los donantes occidentales de financiar un levantamiento popular contra su persona. Mutharika -en el poder desde hace ocho años- instó, el pasado domingo, a su población a “intervenir y defender a su país, en lugar de simplemente sentarse y ver cómo recibe su presidente basura de los donantes y grupos de derechos humanos”.
La historia viene de lejos. A mediados del pasado año, Reino Unido decidió retirar su subvención al programa de fertilizantes en Malawi, un elemento clave para la subsistencia de la economía local.
La decisión se enmarcaba en la reciente tormenta política abierta entre ambos países, tras la publicación de un cable diplomático que calificaba al presidente malauí de “autócrata e intolerante a las críticas”.
Y en este juego de niños, el perjudicado -de nuevo- el gran público.
Como asegura el analista Andrew Dorward, hasta el pasado año más de 1,6 millones de agricultores se beneficiaban de este subsidio, en un país donde cerca del 40% de sus habitantes viven con menos de un dólar al día. ¿Los motivos? entre otros, la dependencia estratégica del país sobre el sector agrícola.
Déficit productivo
No es para menos. Según datos de la Comunidad de Desarrollo del África Meridional (SADC), Malawi sufre un preocupante déficit de maíz (125.000 toneladas) y cereales (155.000 toneladas) para la campaña en curso. Sin embargo, las cifras no son nuevas: ocho años antes, el analista Lawrence Rubey ya había advertido (en un informe titulado “Malawi’s Food Crisis: Causes and Solutions”) del crítico panorama que se avecinaba. Para Rubey, la caída en los ingresos por la venta del tabaco (máxima exportación de Malawi) provocaría un efecto dominó en la taxonomía agrícola del país.
De igual modo, el analista advertía de un aumento de los precios al consumo del maíz, debido a que este producto reflejaba en aquel momento un excedente “anormal” durante el período 1999-2001. Pese a las advertencias, las inundaciones de principios de 2010 provocaron la casi total aniquilación de los cultivos del país. Una pandemia, a la que se unieron los recortes de las donaciones internacionales en apoyo de los programas de asistencia agrícola, así como la decisión del Gobierno de vender su reserva nacional de alimentos
Así que, acabada la ayuda exterior (aunque la sombra china planea en las últimas fechas), el hambre podría retornar a las zonas rurales. Y todo ello, por un simple conflicto diplomático.









