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El «evangelio» literario según Saramago

Su viuda, Pilar del Río, presenta la novela de la que parte el universo del escritor: «Claraboya»

Día 02/03/2012

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Enero de 1953. Lisboa es una ciudad triste, emboscada de infelicidad, acribillad por la dictadura de Salazar, que ahoga a todo un país. En ese aire mefítico, José Saramago concluye su primera novela, «Claraboya», el relato transgresor de lo que ocurre en un edificio durante unos meses, intramuros unamunianos, retrato de la ciudad mezquina y tacaña de la época. El tragaluz delinea las siluetas de Ricardo Reis, Raimundo Silva, el señor José, el viejo zapatero, Pessoa, Shakespeare, Eça de Queiroz, Diderot... y transita Abel, que abre un círculo cerrado por «Caín», la última novela que escribió el Nobel. Saramago, ilusionado, llevó su manuscrito a una editorial, que jamás le daría una respuesta. Eso fue lo que más le dolió, y lo que le sumió en un silencio narrativo de veinte años.

«Claraboya» (que edita en España Alfaguara) la dedicó José Saramago a la memoria de su abuelo Jerónimo Hilário, la persona más sabia que conoció en vida y que no sabía leer ni escribir, como principió en su discurso Nobel. Saramago se sentía el «nieto de mi abuelo», para él una figura señera y fundamental en su vida. En 1989, durante una mudanza, un editor lisboeta (re)descubrió el manuscrito de «Claraboya» en un cajón. Llamó a su propietario, que se estaba afeitando y casi se corta la cara. Saramago, que escribía «El Evangelio según Jesucrito», no quiso jamás publicar en vida «Claraboya», aunque dejó a sus herederos una luz entre visillos para cuando él fuera ceniza.

Ayer, su viuda y traductora de la obra, Pilar del Río, presentó «Claraboya», libro que Saramago no volvió a leer después de haberlo reencontrado, pero que él considera que «tenía interés», la puerta de entrada a su «evangelio» literario. «Es un texto duro para la época en la que se escribió —explicó Pilar del Río—, donde la familia, pilar de la sociedad, es un nido de víboras, un mundo donde se entrega hijas a cambio de dinero, con violaciones, amores lésbicos, una mantenida... ¿Eso lo podía soportar la sociedad la portuguesa? Yo pienso que no. ¿Por qué fue “guardada”. Creo que decidieron esperando que vinieran tiempos mejores...» «Claraboya» es una novela atravesada de musicalidad, por Beethoven. Uno de los personajes femeninos cuenta que había visto «una máscara» del compositor. Con veinte años, Saramago viajó a la casa natal de Beethoven y vio una máscara que le emocionó. No pudo comprarla porque no tenía dinero. Con setenta años, adquirió esa misma máscara, y ayer la mostraba emocionada Pilar del Río: «Eso se llama coherencia. No dejemos que nuestros muertos mueran», concluía.

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