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Al menos doce muertos en choques con la policía en la región china de Xinjiang

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Nuevo estallido de violencia en esta remota región rica en petróleo donde la etnia uigur, de religión musulmana, aspira a la independencia

Día 29/02/2012 - 11.50h

Cuando faltan pocos días para que, el lunes, comience la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento de pega del régimen chino, ha vuelto a estallar la violencia separatista e interétnica en la remota región de Xinjiang, donde buena parte de sus habitantes autóctonos –los uigures de religión musulmana– suspiran por la independencia.

Según informa la agencia estatal de noticias Xinhua, al menos doce personas murieron en la tarde del martes durante unos enfrentamientos en el condado de Yecheng, a 250 kilómetros al sureste de Kashgar, en el extremo occidental de China. Los medios oficiales aseguran que un grupo de «terroristas» y «alborotadores» con cuchillos mataron a diez personas, al parecer chinos de la mayoritaria etnia «han» que han colonizado la región, mientras que la policía abatió a tiros a dos de los atacantes.

La versión del movimiento uigur en el exilio achaca las muertes a una refriega con las fuerzas de seguridad y cifra los fallecidos en siete policías y tres civiles, así como otras dos personas cuyos detalles no fueron aclarados. Desde Alemania, el Congreso Mundial Uigur denunció que había diez heridos, dos de ellos graves, y 84 detenidos. «Los uigures ya no podían aguantar la represión sistemática de China», justificó a la agencia AP el portavoz del Congreso, Dilxat Raxit.

Como suele ser habitual en estos casos, resulta muy difícil corroborar tales informaciones por la censura que impera en China, que ha cerrado el condado y bloquea en internet las búsquedas sobre los disturbios de Yecheng.

A 4.000 kilómetros de Pekín, Xinjiang es una vasta región estratégica para China por sus ricas reservas de petróleo, gas natural y minerales y sus fronteras con Rusia, Mongolia, Pakistán, Afganistán, India y varias repúblicas ex soviéticas de Asia Central. Desde los años 30 del siglo pasado, los uigures, una etnia que profesa el islam y habla una lengua parecida al turco, aspiran a lograr la independencia para formar el Turkestán Oriental. Unas ansias secesionistas que han sido cortadas «manu militari» por el régimen de Pekín, que ha colonizado con chinos de la etnia «han» esta región que triplica en tamaño a España. Destinados en masa durante los duros años de la «Revolución Cultural» para construir carreteras y ferrocarriles, los «han» ya suponen el 41 por ciento de los 20 millones de habitantes de Xinjiang, donde los uigures representan el 45 por ciento y otras minorías étnicas, como kazajos, tayikos, kirguises y uzbecos, se reparten el resto.

Tras sufrir décadas de represión y desigualdades sociales, ya que los «han» controlan el Ejército y los negocios mientras la mayoría de los uigures son pobres campesinos, Xinjiang asiste periódicamente a brutales estallidos de violencia.

En julio de 2009, unas 200 personas murieron en su capital, Urumqi, durante los peores disturbios de las últimas décadas. Desde entonces, la represión no ha hecho sino aumentar y desatar nuevos choques y atentados, como los que se cobraron una veintena de vidas el pasado verano en sendos ataques contra comisarías de Policía y restaurantes de Hotan y Kashgar, por donde antaño discurriera la Ruta de la Seda. En diciembre, hubo otros siete muertos en lo que la Policía denominó el rescate de dos personas que habían sido secuestradas por «terroristas».

Durante los últimos tiempos, el régimen de Pekín ha intensificado su control sobre los uigures, especialmente en las mezquitas y los colegios, para sofocar el independentismo de Xinjiang, una de sus regiones más levantiscas junto al Tíbet, que también vive desde principios de año otra revuelta protagonizada por monjes budistas que se suicidan quemándose a lo bonzo para protestar contra lo que consideran la ocupación china.

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