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El silencio de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tras el choque del tren del miércoles, y el hallazgo ayer del último cuerpo, entre dos vagones, desataron la furia de la gente que identifica los 51 cadáveres del ferrocarril Sarmiento con corrupción.
En la estación de Once, donde se produjo el siniestro, anoche se registraron incidentes entre la fuerzas de Seguridad y grupos de personas que protestaban contra el Gobierno y reclamaban la presencia de Fernández de Kirchner. Varias decenas golpeaban objetos metálicos como si fueran cacerolas y pedían renuncias. Otras lanzaban piedras y botellas contra agentes. Algunos, con brechas en la cabeza, tuvieron que ser atendidos. La escena recordaba a las registradas en el 2001 cuando Argentina se hundía, Fernando De La Rúa parecía ausente y la sociedad se alzaba al grito de, “Que se vayan todos”.
El hallazgo del cuerpo de Lucas Menghini fue el detonante de la violencia
Malestar en la calle
El malestar estaba en la calle y en las redes sociales. Partidarios y adversarios de la presidenta cruzaron mensajes durante horas. En este contexto las declaraciones del maquinista, Marcos Antonio Córdoba, echaron por tierra la teoría de la compañía TBA, que opera la linea Sarmiento, de que el accidente había sido fruto de un error suyo. Córdoba declaró al juez Federal Claudio Bonadío que, “en cada estación avisaba por la radio al controlador de tráfico que tenía problemas en los frenos. Del otro lado me respondía: seguí, seguí”.
Desde el pasado miércoles, día del siniestro, Cristina Fernández Kirchner no ha aparecido en público ni transmitido mensaje alguno, como es su costumbre, por la cadena nacional







