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Hijo de un ingeniero industrial, su llegada al mundo de la interpretación se debió a la fuerza del destino. Cuando conoció a Paola Dominguín, madre de su hijo Nicolás, José Coronado era uno de los modelos más cotizados del momento pero, gracias a ella, decidió probar suerte en el teatro. «Una semana más tarde, ya estaba enamorado de este oficio», confiesa 25 años después. Hoy está de enhorabuena tras conseguir el Goya a la mejor interpretación masculina por «No habrá paz para los malvados», de Enrique Urbizu. «Después de tantos años, creo que éste era un buen momento para conseguir el Goya. De todas formas este premio te puede pasar una vez en la vida, o tal vez nunca. Es casi una lotería, así que lo importante es la profesión en sí», cuenta.
—¿Realmente no hace falta un Goya para que a uno le reconozcan?
—Te aseguro que hay muchos a los que no se lo han dado y son reconocidísimos. Este trabajo apasiona y basta con eso para vivir perfectamente. De todas formas, bienvenido sea. Es un sueño hecho realidad.
Como suele suceder, al recoger su galardón sobre el escenario José Coronado se acordó de los suyos. «Es normal. Es un momento único en el que se para el mundo y lo que quieres es compartirlo con tus seres queridos. Es inevitable». De ahí que se lo dedicara a su madre, a su padre (ya fallecido), a sus hermanas, a sus hijos Nicolás y Candela... Mientras otros premiados hablaban de su «amor» (caso de Elena Anaya), el actor no introdujo un nombre femenino en su discurso. Últimamente se le ha visto muy bien acompañado por una mujer más joven, que no pertenece al mundo del espectáculo pero lo cierto es que, en las cosas del querer, Jose Coronado es muy cauto.
Sus amores
Guapo y educado, su fama de galán le hizo aparecer durante varios años en las crónicas del corazón, cosa que nunca digirió con agrado. Su relación con Paola Dominguín y la llegada al mundo de su hijo Nicolás le colocaron en las portadas del papel couché. Él no se prestó a jugar con su intimidad, pero tampoco protagonizó escándalos o polémicas con los medios. Simplemente aguantó como pudo esa fama. Años más tarde, tras romper con Paola y después de una serie de relaciones sentimentales (entre otras, con Esther Cañadas e Isabel Pantoja), sorprendió al convertirse en pareja sentimental de la cantante Mónica Molina, con quien tuvo a su hija Candela.
«El listón siempre me lo pongo muy alto. La mía es una profesión difícil y para estar en activo siempre hay que estar a la altura o, por lo menos, intentarlo», explica. «La fama de seductor es cosa del pasado. Ahí está, pero hace bastante que me ven de otra manera, o eso quiero creer», confiesa el actor, que actualmente rueda en Barcelona la película «El cuerpo», junto a Belén Rueda y Hugo Silva. «El azar me llevó a esta profesión y a la semana me enamoré totalmente. Cuando calibré que podía vivir de esto es cuando me dije “os vais a enterar”. Y aquí estoy», dice.
—Su suerte es que su hijo Nicolás (Dominguín de segundo apellido) no ha salido torero.
—Aún está buscando su camino. Se está formando. Estudió Bellas Artes, pinta estupendamente y a sus 23 años está en esa búsqueda. Yo encontré mi camino a los 29.
—¿Satisfecho?
—Muy satisfecho. Me considero un privilegiado de la vida.







