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Milán y Juventus se enfrentan este sábado en San Siro (en directo, desde las 20.45h) en un partido que podría dejar casi sentenciado el campeonato italiano. La clasificación marca una diferencia de un punto a favor de los locales, aunque el equipo de Turín tiene un partido por disputar.
El Milán pretendía celebrar por todo lo alto sus cincuenta años de historia. Corría el año 1949 y los «rossoneri» no habían logrado todavía levantar la refundada Serie A. Los títulos de principio de siglo se veían ya demasiado lejos y, por eso, el club buscó en un revulsivo extranjero. El elegido sería el sueco Gunnar Nordahl, un delantero que salía a casi un gol por partido.
Por esa época, la Juventus también necesitaba reforzar su equipo. Y casi todo valía con tal de acabar con la hegemonia del Torino, un molesto vecino entonces para la «Vecchia Signora». Por ejemplo, robar fichajes a los rivales. Así llegó John Hansen a la disciplina bianconera. El futbolista danés, tuvo que cambiar su destino unos metros tras la llamada del director de la planta de Fiat en Copenhague al presidente de su equipo. Debía fichar por la Juve.
El viaje de Trapattoni
La jugada estuvo a punto de repetirse con Gunnar Nordahl, pero Gianni Agnelli, histórico presidente del club de Turín, dejo que el sueco fichara por el Milán para hacerse con los servicios de Johannes Ploger, que apenas disputó una quincena de partidos con la Juventus y acabó en un concesionario de Ford de Dinamarca. Por su parte, Nordahl pasó a la historia como uno de los máximos goleadores de la historia del Milán dejando un techo de 35 goles en Liga que todavía no se ha superado en la Serie A.
El siguiente capítulo llegaría a cuenta de Giovanni Trapattoni, un lombardo que debutó a los 18 años con el Milán. Como jugador, fue incapaz de vestir la camiseta de otro equipo. La historia cambió una vez pasó al otro lado. Trapattoni lo ganó todo al frente del banquillo de la Juventus.
Un rosario de futbolistas han vestido la camiseta de uno y otro equipo. Desde Bruno Mora o Sandro Salvadore a Edgar Davids, Zambrotta, Andrea Pirlo o Zlatan Ibrahimovic, encargado de remozar la tensión entre ambos clubes, desaparecida durante los últimos años.
Galones para Pato
De nuevo, otro sueco al frente de la polémica. Y eso que «Ibracadabra» no estará en el césped de San Siro. Ni siquiera en el banquillo. El futbolista fue sancionado tras dar una bofetada a Salvatore Aronica en pleno partido. El recurso del club no ha servido para suavizar el castigo, especialmente tras la denuncia de Chiellini de que Ibrahimovic también agredió a Storari en el último duelo entre Milán y Juventus.
«Nuestra actitud no cambia nada», resumía Antonio Conte en la rueda de prensa previa al duelo. La «Vieja Dama», muy sólida esta temporada, está ansiosa. Tiene tomada la medida al Milán y busca dar un golpe de efecto para recuperar la hegemonía del calcio. El técnico bianconero tiene a su disposición a todas sus estrellas para «el partido del año», según Conte.
Las cosas se ven bien distintas en Milán, donde reina un clima más comedido. Nada de euforia por el buen momento del equipo, que la semana pasada humilló al Arsenal de Wenger. Allegri no podrá contar con Ibrahimovic, pero recupera a Nesta y a Mexes para la defensa. También parece estar en Kevin Prince-Boateng, aunque apunta al banquillo. El técnico del Milán confía en el talento de Alexandre Pato para un «partido importante pero todavía no decisivo». En San Siro, la vuelta de una guerra olvidada durante unos años. En juego, el cetro del fútbol italiano.







