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Los egos de algunos alcaldes y recelos de ayuntamientos oscurecen la acción y concentración de esfuerzos
NO es una idea nueva, pero sí martilleante al socaire de esta crisis y donde las arcas municipales están el abismo mismo. En Galicia hay 315 municipios, pero la dispersión poblacional en entes más pequeños, significativamente, las aldeas, certifica una radiografía clara, costosa, donde los accesos prestacionales y atención pública no son óptimos. Los enclaves de población forman parte de nuestra idiosincrasia como gallegos. Mas, ¿es posible su sostenimiento?, ¿son posibles los accesos eficientes a veces siquiera mínimos a servicios públicos esenciales?
La población es de dos millones setecientos mil ciudadanos. ¿Qué grado de competencias, acciones y sobre todo de diferentes servicios hay entre unos y otros ayuntamientos? Hay municipios urbanos y rurales, interiores y costeros, y en ellos la acción del otro ente local, la diputación, tan cuestionada los últimos años, es bien distinta. En no pocos municipios costeros han sido dinamizados y dotados de buenas infraestructuras por parte de las diputaciones. En los interiores la cuestión no es tan positiva. Pero la realidad es bien distinta.
Los ayuntamientos están exhaustos, las arcas vacías, las cuentas desbordadas, el gasto incontenible, los ingresos no llegan, y las prestaciones se resienten cuando no, no se pueden llevar a cabo. Municipios de cinco, veinte y cincuenta mil habitantes marcan con las leyes locales los umbrales prestacionales. Las áreas metropolitanas no terminan de consolidarse. Los egos de algunos alcaldes y recelos de ayuntamientos oscurecen la acción y concentración de esfuerzos, reducción de gastos y políticas comunes. Visiones cainitas, también reduccionistas. Pedir dinero a la Xunta ya no es siquiera opción.
La incompetencia, la falta de credibilidad, de arrojo político y audacia de gestión también se hace presente en la arena local. Más allá del debate o no de la financiación local, siempre escamoteada, siempre supeditada a la autonómica, nadie osa hablar de la descentralización local. Los recursos que se canalizan desde el Estado a los ayuntamientos, prácticamente un tercio de los mismos, se reducen año a año en varios cientos de millones de euros, aún con la espuria promesa de que se regularizará cuando se liquide sucesivas cuenta anuales. No hay cargo político a veces mezclado de ropajes administrativos, más cercano y próximo al ciudadano que el de concejales y alcaldes. Los ayuntamientos han asumido a lo largo de estas décadas de menguante Estado del Bienestar y de mayor exigencia y derechos de la ciudadanía competencias impropias que realmente deben y deberían prestar y ejercer directamente los entes autonómicos. Competencias que no van acompañadas de los recursos humanos y materiales, sobre todo, económicos, necesarios.
No entramos en el debate ahora de si entre los entes locales debe o no desaparecer las diputaciones provinciales, pero sí se advierte que en caso de desaparecer éstas ocuparán su lugar redes periféricas de los entes autonómicos, extendiendo sinergias y clientelismos y debilitando a la postre ayuntamientos, mancomunidades, consorcios, etc. En un país donde simplemente se presupuesta al revés, se es incapaz de racionalizar el gasto, de emprender y llevar a cabo auténticas políticas sociales y no meros artificios de subvenciones absurdas y cheques dadivosos que de nada sirven, el Estado pierde peso, pero no lo aumentan las administraciones locales.
Es cierto que la descentralización sólo se ha producido en un primer nivel, negando e imposibilitando las autonomías el segundo gran desafío, descentralizar y aproximar la administración eficiente hacia el ciudadano a través de ayuntamientos. Es la asignatura pendiente, la promesa que nunca falta en cada debate de investidura de un presidente del gobierno, el hurto permanente. El reto es hercúleo. Rediseñar la administración local es una de los grandes retos administrativos y políticos para Galicia. Uno de cada tres gallegos viven en las grandes urbes gallegas, las siete grandes y sus áreas de influencia. Pero casi doscientos municipios no llegan a los cinco mil habitantes.




