En Vídeo
En imágenes
«Sor Desahucio» ha salido de su anonimato después de conseguir la semana pasada «el milagro» de que Bankia aplazara hasta junio el desalojo de una familia de Villaverde. Durante todo este tiempo ha querido huir de cualquier protagonismo. Sin embargo, la hermana Inmaculada –de la Ciudad de los Ángeles de toda la vida–, no pasa desapercibida. A sus 47 años, dice haber tenido siempre claro cual es su función en esta vida: «Dedicarse a Dios y ayudar al prójimo». Lo dice a ABC con timidez pero segura de sus palabras.
Tan segura como de lo que hizo la semana pasada. En cierto modo su voz desvela un carácter impulsivo ante lo que considera «injusto». En Villaverde son muchos la que la conocen por su constante trabajo con los más desfavorecidos del barrio. En su círculo próximo, el colegio de Nuestra Señora del Carmen (de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús) –del que es directora y profesora de sociolingüística en 4º de diversificación– afirman que «lo del desahucio» sólo ha sido «su última hazaña diaria» para evitar que dos de sus alumnos no pudieran acabar el curso.
«Para que las cosas trasciendan a veces tienen que llamar la atención»
«No quise entrar, dije que era una cárcel...»
Aquello sucedió cuando tenía 16 años y cuatro años después comenzó su noviciado, también en Villaverde. Casualidades de la vida, años antes entró obligada por sus padres al centro religioso que dirige hoy para estudiar 1º de BUP. «Yo no quería entrar en este colegio. Los primeros días les dije a mis padres que esto era una cárcel...¡Qué cosas! Ahora coordino a muchas de las que fueron profesoras mías y doy clase a las hijas de mis primeras alumnas», explica orgullosa Inmaculada.
«La gente ha visto en ella una actitud activa que no ven en la Iglesia, pero se equivocan», comentan varias docentes en la puerta de su colegio. Sobre este tema, la hermana Inmaculada dice estar acostumbrada a escuchar voces críticas e incluso refranes con mala intención como: «Pedís más que una monja». «No me importa. Lejos de enfadarme les digo que es verdad; yo pido mucho para arreglar muchas cosas. Me apunto a todo lo que sea solidario y el colegio también. Ahora estamos recogiendo tapones de plástico para Aitana, una niña enferma», explica a ABC.
«El día a día nunca ha sido fácil pero ahora la situación es crítica»
Dice que su apoyo al desahucio del otro día va implícito con los valores que se imparten en el colegio que dirige: la responsabilidad, el trabajo y la solidaridad. «No hemos hecho nada especial por recoger firmas contra los desahucios y por tratar de impedir lo que creemos que es injusto» –y concluye–: «No hacerlo sería mirar a otro lado cuando la realidad es tan grande que nos sobrepasa».





