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Pasado el duelo, la Fundació Tàpies se reinventa con un experimento que no dejará indiferente a nadie. “Sólo podéis entrar de dos en dos para vivir de cerca la experiencia”, recomienda la directora Laurence Russel. Y así descendemos a la sala principal del museo, esta vez completamente desnuda, y observamos a tres bailarines que se mueven a sus anchas. Nos acercamos a uno de ellos que nos explica que se llama Aimar Pérez y que estudió danza de 2002 a 2006 en Amsterdam.
También nos cuenta que una vez vino el coreógrafo francés Xavier Le Roy al Mercat de les Flors y que como él no vivía en Barcelona les mandó a sus padres a ver la obra. “Después les pregunté si les había gustado y mi padre recordaba un movimiento que hacía el bailarín con su brazo que me recordaba mucho a un ventilador”, explica Aimar mientras mueve insistentemente su antebrazo en forma de hélice. Su actuación, junto a la de seis intérpretes más, es el eje de esta aventura que pretende romper las barreras entre las estructuras del teatro y el museo.
Le Roy estudió primero biología molecular y más tarde llegó a la danza para investigar el cuerpo humano. En esta “Retrospectiva” vemos una selección de fragmentos de varias de sus coreografías que un grupo de "bailarines-actores" interpreta en directo y de forma continua.
El espectador deberá desplazarse y dejarse llevar por su intuición. Por su parte, Francesc Casadesús, director del Mercat de les Flors, donde Le Roy presenta estos días los montajes íntegros y originales de sus creaciones, destaca que esta convocatoria es “una provocación porque altera las convenciones y los espacios y es un placer que la danza ocupe un museo”.





