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Disciplina, corsés, marcas y poca flexibilidad. Sin Kaká ni Granero, Mourinho optó por volver a un equipo férreo, de organización espartana y con mucho menos talento que en otras ocasiones. Como suele suceder cuando eres medroso y cicatero con el fútbol, lo acabó pagando. Un grupo de gente talentosa habría ido por el segundo gol después del primero, pero este jugó con el resultado, vadeó ríos por aguas poco caudalosas, pisó el balón y dejó pasar el tiempo, sin matar al rival cuando podía. No es buen asunto ese. Se acaba pagando de la peor manera, y la peor manera y el mayor castigo para Mou es que le empaten en el último segundo y en una jugada a balón parado, que era el fuerte de ellos y la laguna del Madrid, el agujero en el que ha estado trabajando Mourinho estas semanas atrás. De forma infructuosa por lo visto. [Narración]
El partido se jugó en los parámetros previstos: frío intenso y jugadores helados. El CSKA es mucho menos que el Madrid y lo demostró durante casi todo el partido. Imprecisiones continuas, problemas atrás e irregulares en el aspecto físico por el largo paréntesis sin jugar, el CSKA rindió unas armas opacas, sin apenas llegada y a expensas de lo que le dejara el rival. [Estadísticas]
El Madrid tuvo un tono gélido y mate en todo lo que hizo. Demudados Xabi Alonso y Ozil, por el frío o por lo que fuera, el equipo fue demasiado directo, enhebró poco (sobre todo por el discreto encuentro de Alonso) y contemporizó en exceso. Eso sí, a poco que apretara los dientes y rugiera, el equipo moscovita temblaba como un niño, no se sabe si del temor o del frío. Los consabidos problemas del CSKA atrás, gente alta, robles con pinta de estibadores, pero tosca y con cintura de hierro, acabaron por pasarle factura. Tardaron más de cien años en sacar un balón, se lo robó Higuaín y el centro posterior de Coentrao lo empalmó Cristiano a la red.
Continua desaceleración
Malo para el Madrid. Parece una afirmación demente, pero el gol frenó la maquinaria blanca, que se iba engrasando. Todo quedó en suspenso, como congelado por el luminoso. En ese lento declinar de los blancos, confiados ante la falta de pegada de los rusos, se fue gestando el aplazamiento del pase.
El Madrid reculó, sin necesidad, solo por el espíritu de conservación. Mal asunto
Los de casa se animaron, jaleados por la complacencia blanca, y pusieron cerco. El Madrid vivió muchos minutos, casi toda la segunda mitad, del gran partido de Sergio Ramos y, sobre todo, de Pepe, que estuvo esplendoroso. Lo cortó todo y aplazó el mal que se veía venir.
Sin rumbo por mor de un Xabi Alonso con la brújula estropeada (defendió bien pero distribuyó fatal), el Madrid se fue encerrando más y más en su absurdo caparazón y justo cuando cantaba una victoria pequeña, sorda y sin gloria, le llegó el gol en una jugada aérea. A veces, ser mezquino con el fútbol tiene estos castigos, por ejemplo dejar vivo a un rival que es netamente inferior a ti. No acarreará mayores problemas pero...








