Galicia

Galicia / a contracorriente

Calle Manuel Fraga

Compartir

Día 21/02/2012

QUIEN, como yo, ha tenido que buscar piso en muchas ocasiones aprende a leer urbanismo en el nombre de las calles. La de Cánovas del Castillo suele ser segura. Su asesinato en 1897 coincidió con el apoyo general a la restauración borbónica que él había auspiciado y con el ensanche burgués de las ciudades. Por consiguiente, la calle Cánovas tiende a ser de las elegantes y bien situadas. Aunque aquí, en Galicia, le gana Montero Ríos. El cacique gallego de la restauración tiene calle principal en todas nuestras ciudades. Concurren en él las mismas circunstancias aplicables a Cánovas.

Y es que, para tener calle, son precisas dos cosas: conciencia general de la importancia del personaje y consenso sobre su figura. En Galicia, actualmente, la denominación de las calles es galleguista, incluso gallego-obsesa. Personas allende el Padornelo no merecen ya recibir honores en Galicia. Por poner un ejemplo, Miguel Induráin, que tanta tardes felices nos dio a todos en los años noventa, no aparece en el callejero gallego, pues es navarro.

Tampoco se crean que las glorias locales merecen mucho más crédito. En Vigo, por poner otro ejemplo, el Conde de Gondomar, gran embajador de España y que salvó en su juventud a la ciudad de los ataques del pirata Drake, tampoco tiene allí calle o estatua. En resumen, quienquiera que haya dicho algo a favor de Galicia o haya emborronado un folio en blanco con un texto en vernáculo recibe homenajes por toda Galicia.

Frente a esto, cualquier nombre relacionado con el franquismo ha sido borrado del callejero con furia iconoclasta. ¿Y qué ocurre si, como en tantas ocasiones, el galleguismo y el franquismo coinciden en la misma persona? En este caso, se oculta su filiación franquista —no sea que se escandalicen los niños— y ya podemos honrar a los Riscos, Cunqueiros y demás.

Con esto en mente, podemos entender ahora cómo a la muerte de don Manuel Fraga no ha seguido la esperable lluvia de homenajes. El consenso general sobre la transición (las dos Españas que se dan la mano) ha sido destruido. Ahora el relato históricamente aceptado es uno sobre un régimen de terror que aplastó España durante 40 años. Y Fraga, lógicamente, fue ministro de un régimen que todavía ejecutaba gente. En concreto a uno, Julián Grimau. Le juzgaron y condenaron por asesinatos y torturas durante la guerra (había sido uno de los terribles guardias de asalto) y eso, claro, es una ejecución política…

Don Manuel Fraga ha muerto cuando ya ha terminado el consenso sobre la transición política. Ésta ya no es modélica, sino un crimen y una estafa. En consecuencia, los homenajes a Fraga son escasos e, incluso, resultan interrumpidos por jóvenes que se dicen «antifascistas», muchachada obediente y crédula con vocación de mamporreros del sistema. Don Manuel ya no recibirá honores; su nombre no puede decorar todavía el callejero gallego.

  • Compartir

publicidad
Últimos vídeos

El Gobierno garantiza la estabilidad del Banco de...

Lo último...

Hemeroteca

La portada de...

Un día en tu vida:

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.