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Una mini manifa en San Telmo

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Lo sorprendente de esta manifestación es que tras la cabecera no viene nadie, ni siquiera han logrado sacar a los burócratas y liberados sindicales de su letargo

Día 19/02/2012 - 11.15h
J.F. FERNANDEZ BELDA
El parque de San Telmo en el momento de la manifestación, el viernes
J.F. FERNANDEZ BELDA
Uno de los representantes sindicales
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En estos días de zozobra e incertidumbre, los sindicatos y grupos políticos minoritarios, inician tímidos ensayos de movilizaciones populares antes de poner a prueba su poder de convocatoria. Lo hacen agitando el espantajo del recorte de derechos laborales, que por cierto quieren hacer olvidar que vienen de la época franquista. En un país con cerca de seis millones de parados, que encadena mes tras mes cifras record de personas en las colas del paro, esos mismos grupúsculos, perfectamente legítimos pero muy minoritarios, arengan sobre perder derechos a personas a las que les gustaría tenerlos por estar trabajando. Al parecer, pretenden mantener una legislación laboral que no es ni remotamente homologable con la de los países de nuestro entorno y cuyas nefastas consecuencias ya a casi nadie sensato se le esconden.

Sobre la una de la tarde llega al parque de San Telmo, precedida de un sonoro griterío amplificado por los altavoces, lo que parece ser la cabecera de una gran manifestación, a juzgar por el ruido y por el acongojo que producen las consignas voceadas que recuerdan aquella famélica legión de marras yendo a la toma de la Bastilla. ¡Revolución, revolución!, grita una voz femenina por el megáfono mientras un viejito sentado en el parque dice por lo “bajini”, dice "¡querrá decir “robolución”, usted!". ¡Ahí ha estado usted muy fino!, asiente otro veterano mientras reenciende su virginio, ahora que nadie se lo prohíbe.

¡Viva Canarias, libre y socialista!, gritan los de las banderas tricolor con siete estrellas verdes, madre. Es esa una consigna peculiar, porque habría que saber qué quieren decir con lo de “libre”, ¿libre de quién o de qué? Lo de libre y socialista, término algo más edulcorado y probablemente dicho para no asustar con lo de comunista, es lo que los lingüistas llaman un “oxímoron” o contradicción en los términos, una figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión. ¿Hay, o ha habido, algún país a la vez libre y comunista? Y ya puestos a ser libres, tal ve sea mejor serlo realmente y ni intentar repetir lo que ya se sabe fracasado.

Pero lo sorprendente de esta manifestación es que tras la cabecera no viene nadie, ni siquiera han logrado sacar a los burócratas y liberados sindicales de su letargo. Probablemente haya casi tantos fotógrafos y curiosos como manifestantes portabanderas. Tras el reagrupamiento de las exiguas masas, comienzan los mítines políticos y las arengas sindicales, que para este tipo de convocantes no se sabe muy bien dónde finaliza la agitación política y empieza la defensa de los trabajadores. El primer orador logra reunir algo más de medio centenar de personas. El segundo, la mitad de la mitad. Pero el tercero, parece ser escuchado sólo por un manifestante, que busca insistente a quién soltar la pancarta. ¡Que la fiesta no decaiga!

El soporte técnico se ha traído un pequeño grupo electrógeno para dar corriente a los micrófonos. Llegaron muy ilusionados acarreando alegremente el chisme, pero visto lo visto, ya piensan en que esa máquina pesa demasiado y ya no quedan voluntarios, porque el dirigente sindical bastante peso soporta con su responsabilidad y con el micro. La escena recuerda aquel relato corto de Álvaro de la Iglesia incluido, creo recordar, en su libro “Todos los ombligos son redondos”, en el que narra cómo un torero triunfante en el ruedo es sacado a hombros por una multitud enardecida, pero que al irse alejando de la plaza, la cantidad de gente que lo vitorea va siendo cada vez menor, hasta que solo queda el desgraciado que lo lleva sobre sus hombros y al que el maestro exige que lo lleve así hasta su hotel.

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