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Canarias / palabras de un solo dia

Malos humos

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No es difícil averiguar, con los criterios científicos actuales, si la refinería contamina o no, si favorece la salud o propicia el daño, si es conveniente tenerla cerca o lejos

Día 19/02/2012 - 12.02h

Últimamente leo la prensa con sofocos, propiciados, ora por la información económica, ora por la reseña de actitudes depredadoras de personas con cargos públicos, afanadas en perseguir el beneficio personal a expensas del público. Como si no les importase el buen nombre o la fama, un día tras otro se suceden cargos y apellidos en los diarios, convirtiendo escándalos en titulares y buenas prácticas en fangos de vicios, trampas y la madre de todas las corrupciones: la búsqueda del rédito mal habido.

Cuando no es una cosa u otra suele ser una tercera la que llega al papel para alterar el equilibrio del lector, la penúltima en forma de informe, concretamente de la Consejería de Sanidad, vinculando la contaminación ambiental de Santa Cruz con ingresos hospitalarios. El funcionario redactor del estudio llega a conclusiones tan viejas como la injusticia, firmadas desde hace decenios por autoridades sanitarias de todo el mundo: la contaminación enferma.

En realidad no sólo enferma, pero vamos a dejarla en este punto, por cuanto se refiere a la de nuestro aire, que respiramos con ganas a pesar de que cada dos o tres años parece perder su nobleza teórica por culpa de porquerías que incorporan industrias ¿sucias?, según denuncias que se renuevan.

Persiguiendo los datos concretos del último análisis de polución encuentro los de urbes remotas, pero ninguna cifra local, nada relacionado con el tema discutido en el Ayuntamiento el 7 de febrero pasado. Y es en ese momento cuando el sofoco se transforma en rabia. Es una falta de respeto hacia la ciudadanía que se pueda mentar un informe de salud pública y se analice sin ninguna clase de transparencia, a pesar de los avisos de un concejal que ha iniciado amparos legales.

Con ser grave, eso no es lo peor. Los consejos y normas para reducir las emisiones tóxicas se vienen dando desde tiempo inmemoriales, renovándose en las estaciones en que los humos se hacen más densos.

No es difícil averiguar, con los criterios científicos actuales, si la refinería contamina o no, si favorece la salud o propicia el daño, si es conveniente tenerla cerca o lejos. Los habitantes exigen ser tratados como adultos a quienes no se les puede sustraer la información, entre otras cosas para tomar decisiones, como la de mudarse si los efluvios les afectan.

No se puede permitir que lo dicho en sede oficial, al dar cuenta de mediciones del día 30 de enero, caiga en saco roto. Por lo visto aparecieron “valores muy por encima de lo permitido y se llegó a desenchufar un aparato medidor autonómico". ¿Cómo es posible desenchufar un medidor de contaminación?, ¿quién demonios tiene la mano tan larga como para poner en “off " el interruptor cuando no le gusta lo que sale por la chimenea?

No es higiénico saber lo que ocurre con los humos en Bolivia o Pernambuco, ignorando los que se ventilan al lado de casa, precisamente donde viven los que tosen o sufren los vapores ¿supuestamente? nocivos.

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