Madrid

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Ducharse en la Casa de Baños de Embajadores

Este servicio que facilita la higiene a los más necesitados es casi inexistente en Madrid: sólo hay habilitados dos baños públicos

Día 17/02/2012 - 09.32h

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«¡Agua en la 9!», exclama una mujer que ha entrado a ducharse en la Casa de Baños de Embajadores. La encargada de recoger tickets y de asignar la cabina de ducha da la orden a la empleada de la taquilla para que pulse el botón en el panel de control de la caldera. Desde ese momento, esa mujer tiene veinte minutos para disfrutar de una placentera ducha.

Este servicio es casi inexistente en Madrid, ya que, en la actualidad, sólo hay habilitados dos baños públicos: en la glorieta de Embajadores y en Tetuán. Las corrientes higienistas surgieron en la primera mitad de siglo XI en los núcleos urbanos con gran población para paliar las escasas condiciones de las que disponían las casas. A mediados del siglo XIX esta práctica se extendió por toda la capital, dando así un mayor servicio a los que carecían de él.

A las 08:30 las puertas de la Casa de Baños de Embajadores se abren al público. Los primeros que acuden son los que han pasado toda la noche en la calle. Para calentarse del frío de la madrugada. El vapor también se cuela a las 10 de la mañana, otra hora punta de este baño, explica Inmaculada Gómez, coordinadora de la Casa de Baños de Embajadores.

8.000 duchas al mes

Estas instalaciones, que pertenecen al servicio social del Ayuntamiento de Madrid, facilitan por 15 céntimos la higiene a cualquier persona, sobre todo a quienes carecen de hogar, o a los que comparten piso sin derecho a baño. Entre 200 y 300 personas acuden al día a ducharse; alrededor de 8.000 al mes. El 90% son hombres y el 10% mujeres, la mayoría entre los 30 y 50 años, comenta Gómez.

La higiene se recoge en este edificio de paredes marmóreas que reúne sesenta y cuatro duchas individuales repartidas en tres plantas: la planta baja habilitada para las mujeres, y la primera y segunda para los hombres. «Hay un mantenimiento continuo de todas las instalaciones. En cuanto terminan, se limpia rápidamente la ducha para que la use otra persona», explica la coordinadora.

«¡Agua para la cinco!»

Sofía pertenece al personal de limpieza de la Casa de Baños. Es peruana y desde hace ocho años vive en España. Desde que está en nuestro país se ha dedicado a esta profesión. «Cuando empecé aquí quería dejarlo porque estaba acostumbrada a oler los perfumes del centro comercial en el que trabajaba, y venir aquí con todos los olores que hay…». Reconoce que algunas personas que hacen uso de las duchas son un poco maleducadas y que cuando entra en la cabina para acondicionarla se encuentra de todo: cuchillas, compresas y hasta bragas.

Me pregunta sorprendida que si de verdad me voy a duchar.

-¿Cómo te gusta el agua? Si la quieres muy caliente, métete en la nueve, o si te gusta templada, la cinco.

Le doy el ticket que lleva inscrito un número que facilita el recuento de usuarios. Dentro de la cabina tengo mi espacio para desvestirme y colgar mis cosas en un par de perchas, o dejarlas en una silla de plástico. Cuando estoy lista, le doy la orden: ¡Agua para la cinco!

Pulso el botón, el agua empieza a correr. Sale fría. Espero. Vuelvo a pulsar. Empieza a caldearse. Disfruto de la temperatura del agua que se desliza por mi cuerpo y del olor a chocolate del jabón. Aunque dispongo de veinte minutos, mi experiencia es breve, tan sólo hago uso de la mitad del tiempo permitido. Cojo mi toalla, y mientras me seco sólo pienso en una cosa: esto está bien acondicionado.

Proyecto Hogar

Cuando salgo de mi cabina, Sofía me pregunta por mi sensación. Con una gran sonrisa le respondo con agrado y sorpresa. Lleva un año limpiando estas duchas, pero nunca ha hecho uso de ellas. Le pregunto por la gente que las frecuenta. Me dice que hay algunos toxicómanos que en algunas ocasiones van en malas condiciones, incluso con sangre en las manos y en la cara. «He tenido suerte porque yo no he tenido ningún percance, pero quizá porque llevo poco tiempo», afirma.

El servicio que proporciona la Casa de Baños de Embajadores es íntegramente social. Trabajan con varias asociaciones: LaKoma Joven, que proporciona guías de los recursos sociales que dispone Madrid, como comedores, roperos o albergues; Proyecto Hogar, organización que trabaja con drogodependientes y que les facilitan bonos para hacer uso de la ducha; y también mantienen una coordinación directa con el Samur Social en caso de emergencia, enfermedad, agresión o petición de ayuda.

Todo el que hace uso de este servicio de higiene conoce la normativa y posibles sanciones del centro. Están colgadas tanto en el corcho de la entrada como en los cristales de la taquilla. El respeto a los trabajadores y a usuarios, el uso de un ticket y una ducha por persona, la prohibición del consumo de drogas, el maltrato físico y psíquico, o el mal uso de las instalaciones, son algunas de ellas.

Sin jabón y sin toalla

Su incumplimiento implicaría la expulsión de manera inmediata, y la prohibición de la entrada y servicio desde quince días a doce meses, según la gravedad de los hechos y la posible reincidencia. «En el tiempo que llevamos, sólo hemos expulsado a un par de personas», comenta Inmaculada Gómez.

«Los utensilios de higiene, como la toalla, el jabón, el secador o la cuchilla, no se lo proporcionamos. Lo tienen que traer ellos». Estas son algunas de las normas, pero también de las reclamaciones que recibe el personal por parte de los usuarios. «Nos piden también la posibilidad de graduar la temperatura, ya que es común para todos; las ampliaciones del agua caliente, o más minutos de ducha», explica Gómez.

La Casa de Baños de Embajadores fue derribada en 2001 para su ampliación y mejora de instalaciones y las duchas. En el 2005 volvió a reinaugurarse.

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