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EL debate sobre el mapa de los aeropuertos de Castilla y León no es nuevo, se arrastra desde hace años sin que se haya buscado una solución. En tiempos de bonanza ha habido ayudas y medidas para todos, pero ha llegado la cruda realidad de la crisis y ha demostrado que la dispersión de esfuerzos es un error y que no hay hueco para todos.
Uno de los mayores problemas que tiene nuestra comunidad es que cada vez que se abre un debate sobre cualquier infraestructura, inmediatamente se entra en la gresca de en que provincia se hará. Es imposible un debate sereno, con altura de miras, centrado en el interés general de la Comunidad y en su posición en relación con las restantes comunidades españolas. Baste recordar que cuando se empezó el proceso de fusión de Cajas se cayó en la locura de aceptar la posible fusión pero con la premisa de excluir a alguna provincia como posible sede.
La realidad hoy es que Castilla y León cuenta con cuatro aeropuertos, con unos bajísimos niveles de utilización y con la amenaza, ya evidente, de reducir las escasas conexiones que mantienen. Las instituciones no pueden ayudar de forma directa a las compañías aéreas, pero por diferentes sistemas de publicitación de los vuelos, logran que nuestras ciudades se incluyan en algunas rutas. Ahora la disposición económica de las administraciones es mínima y viene el problema de que si no hay ayudas no hay vuelos. Mientras tanto seguimos instalados en la salomónica decisión de repartir lo que hay para todos, lo que significa poner en peligro la existencia de operaciones en las cuatro instalaciones y nadie quiere perder nada.
La realidad es tozuda: Castilla y León da para tener un aeropuerto, una puerta de entrada a la comunidad que, por cercanía a Madrid y por la consideración de nudo fundamental al noroeste de España, permite asegurar que poseemos una posición estratégica. Es un hecho que una solución sería ponerse a trabajar en serio en un sólo aeropuerto, pero para contentar los localismos existentes, habría que pensar en construir un aeropuerto nuevo y así ninguno de los actuales saldría ganador. Pero la realidad es que ahora no hay dinero para construir casi nada, por lo que lo más razonable sería dedicar todos los esfuerzos a la infraestructura existente más viable.
El Aeropuerto de Valladolid está en el centro geográfico de la comunidad, es el que más pasajeros y líneas soporta y el que tiene a escasa media hora una estación de AVE. Es un razonamiento muy poderoso para centrar sus esfuerzos en él y para potenciarlo como puerta de entrada a Castilla y León y alternativa al muchas veces saturado Aeropuerto de Barajas. Si de una vez por todas se acabaran las irracionales diferencias entre las ciudades y los responsables políticos tuvieran la valentía y responsabilidad de apostar por un aeropuerto viable en Castilla y León, habríamos dado un paso de gigante por situar a la comunidad como una alternativa a considerar por los operadores aéreos. Lo contrario será mantener abiertos los cuatro para que un día, no muy lejano, acaben cerrando todos.




