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¿Realmente llegó a pensar Mascarell que el hipersubvencionado mundo cultural, más identificado con el tripartito que con Convergència, haría piña con un ejecutivo en números rojos?
EL consejero de Cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell, sobrestima su capacidad de seducción. Tanto que parece actuar bajo los efectos del llamado Síndrome de Clérambault, un delirio que induce al paciente a pensar que otra persona está enamorada de ella, aunque no le conozca. Mascarell ya debió darse cuenta de que, políticamente, no es un personaje tan fascinante cuando sus entonces compañeros de filas, los socialistas catalanes, se resistieron a nombrarle consejero. De ahí su salto al gobierno de CiU, donde ha creído que el mundo de la farándula le rendiría pleitesía.
La gala de los Premios Gaudí le demostraron lo contrario y, al margen de la garrulez humorística de algunos miembros del «star system» catalán, capitaneados por el independentista Joel Joan, lo que de verdad irritó al ex concejal barcelonés fueron las alusiones a los recortes y tijeretazos que aplican los nacionalistas.
¿Realmente llegó a pensar Mascarell que el hipersubvencionado mundo cultural, más identificado con el tripartito que con Convergència, haría piña con un ejecutivo en números rojos? El caso demuestra que la Casa Gran del Catalanisme que propugnaba el presidente Artur Mas, Mascarell mediante, era pura entelequia. Sobre todo si hay dinero de por medio.
Asistimos estos días a pequeñas luchas fratricidas en el mundo soberanista en las que también hay cuestiones crematísticas, como la que mantiene el presidente de la Diputación de Barcelona, Salvador Esteve, con la vicepresidenta Joana Ortega. La número dos de la Generalitat se ha atrevido a decir en voz alta lo que el ciudadano piensa a diario, que a qué viene tanta duplicidad y gasto administrativo, sobre todo en la conurbación metropolitana. Esteve, quien ahora gestiona un presupuesto de más de 600 millones de euros, se ha sentido aludido y cuestiona la propuesta de Ortega de fusionar ayuntamientos y prescindir de algunos consejos comarcales. Algo que el pope convergente Miquel Roca ya aconsejó en un informe allá por el año 2000.
En otro orden de fascinaciones y conflictos territoriales, desconozco si motivados por intereses económicos, comienza a ser sospechoso que TV3 haya convertido Andorra en la quinta provincia catalana, pues la promoción que se da a sus estaciones de esquí, temperaturas y demás realidades perjudica al sector turístico de Lérida. De ello se lamentaba hace unos días Juan Antonio Serrano, presidente de la Federación de Hostelería de Lérida. Andorra, como ejemplo de pequeño país independiente, forma parte de un delirio nacionalista que roza el autocanibalismo.




