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LA Consejería de Fomento entra en acción y, después de años de debate sobre el tan cuestionado futuro del mapa aeroportuario de la Comunidad, apuesta por un modelo arriesgado, pero realista y, sobre todo, coherente con los tiempos que corren: los aeropuertos lanzadera. Tal y como hoy avanza ABC, se trata de garantizar un mínimo servicio en cada uno de los cuatro aeropuertos de la Comunidad pero con una aportación de recursos muy inferior a la actual (la Junta ha concedido 37,2 millones a Air Nostrum en los últimos cuatro años). Mantener los cuatro aeropuertos de Castilla y León tal y como están actualmente, es decir, con una oferta aceptable de vuelos y destinos pero con unos resultados claramente deficitarios, es un lujo que ni las administraciones públicas ni las propias compañías aéreas pueden darse en estos tiempos de crisis. Pero la Junta sabe que no se podía pasar de todo a nada —como ha ocurrido en Badajoz o Ciudad Real—, y más teniendo en cuenta que contamos con cuatro aeropuertos casi nuevos o recién reformados. Por ello, la fórmula de la lanzadera es una opción intermedia que nos permitirá seguir conectados con el mundo a través de Barcelona, aunque ello suponga eliminar los vuelos a París y Valencia desde Valladolid, León y Salamanca. La otra opción, que a todas luces parece la más lógica, que sería la de haber apostado decididamente por potenciar sólo uno de los cuatro aeropuertos, con el consiguiente ataque que eso supondría a las «sensibilidades» provinciales que tanto abundan en esta Comunidad, no es ni siquiera planteable para la Administración autonómica en este momento. Si el sector privado o cualquier otra administración cree que puede haber una solución diferente, sólo tiene que invertir en ella.




