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Esa no es la actitud. De ahí a la xenofobia va un solo paso
LO dije hace mucho tiempo. El señor Ricardo Melchior, a la sazón presidente del Cabildo de Tenerife, lleva una temporada alterado, nervioso, irritado, pendiente de todo y de todos, menos de lo que realmente importa, que es gobernar la isla de Tenerife, que, aunque sin mayoría absoluta, para eso fue elegido. Su misión debe ser la de velar por el bien de todos los tinerfeños, de preocuparse porque la isla cuente con las mayores inversiones posibles, ya sea a través de la comunidad autónoma, del Estado o de la Unión Europea. Eso, y no otras cosas, son las que deben mantener en tensión al máximo responsable de la corporación insular. Pero, sin embargo, Melchior está más pendiente al vuelo de una mosca y allá que va lanzado a poner la oreja y perderse en el detalle.
Y todo esto viene a colación porque al señor Melchior no le gustó que una periodista peninsular (creo que de Cantabria, si no me fallan las cuentas), Silvia Fernández, compañera del rotativo «Canarias 7», tuvo el «atrevimiento» (entiéndase la ironía) de hablar sobre las tasas aeroportuarias en la Radio Autonómica. Pues bien, al presidente del Cabildo de Tenerife no le gustaron las apreciaciones de la redactora y, lejos de mostrar un talante constructivo, didáctico, exponer con datos en qué pudo haber errado la periodista, optó por tirar por la calle del medio y blandió como argumento principal que alguien de fuera no tiene que venir a dar lecciones a los canarios. ¡Toma amabilidad y toma campañas de Tenerife amable y Tenerife gente 10!
Lo cierto es que tenía al señor Melchior por alguien que siempre había hecho gala de una educación exquisita, que se puede estar o no de acuerdo con su discurso político, pero que siempre había tenido un espléndido comportamiento con aquellos que discrepaban de su línea argumental. Sin embargo, no sé si como producto de haberse quedado ya por segunda legislatura consecutiva sin puesto en el Senado o por tener que compartir parcelas de poder en el Cabildo, lo cierto es que el presidente ha perdido en cierta medida los estribos, y un representante político debe mantener la cabeza fría y medir cada una de sus palabras.
Sin entrar a juzgar ni a valorar los datos expuestos por Silvia Fernández, aunque ya adelanto que como excelente profesional que es dudo mucho que se haya lanzado a la piscina sin tener todos los datos sobre la mesa, lo que no se puede hacer, poniendo por caso que hubiese un fallo en la información manejada por la compañera, es argumentar en primer lugar que nadie de fuera va a venir a dar lecciones a los canarios. Esa no es la actitud, señor Melchior. De ahí a la xenofobia va un solo paso.




