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El Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) se tomó su tiempo; demasiado para el sentido común ya que, en realidad, Alberto Contador no tenía defensa posible desde el minuto uno: el ciclista había contravenido la ley y se había comido la prueba que podía probar su inocencia, ya fuera un solomillo o un suplemento alimenticio contaminado. Los 98 folios del laudo del TAS describen los meandros del proceso para ganar enjundia, pero todo se resume en el artículo 2.1.1 del Código Mundial Antidopaje, aquel que fija la norma de la responsabilidad objetiva: el individuo debe dar cuenta de todo lo que se encuentre en su organismo. Y si el hallazgo es una sustancia dopante, su suerte está echada. Da igual qué cantidad o en qué circunstancias la ingirió. Por eso tantas idas y venidas (incluyendo la visita al carnicero de Irún), tanto estudio de legajos y tanta ingeniería legal se antojan innecesarios.
«La responsabilidad objetiva es inconstitucional en España y hace imposible la defensa del deportista», señala José Rodríguez, abogado, entre otros, de Marta Domínguez. «Se aprobó en 2004, aunque antes había más margen para establecer la severidad de la sanción. Se tenían en cuenta circunstancias subjetivas, como la edad del deportista (es más fácil cometer un error a los 18 años que a los 30), el daño que se podía hacer a su carrera... Esto se conoce como proporcionalidad, y ahora ha desaparecido. Pero no se puede aplicar la misma condena por el consumo no probado de un suplemento alimenticio que por una dosis de EPO Cera».
El Código Mundial Antidopaje está en fase de alegaciones, y Rodríguez percibe un movimiento de deportistas que no aceptan una condena sin pruebas, a ciegas, sin tener en cuenta la confluencia de ilegalidad y mejora de rendimiento.
«Es evidente que hay un abuso», comenta Alberto Palomar, titular de Derecho Administrativo. «Tal vez el caso Contador sirva para cambiar las cosas. O no. El ciclismo no tiene fuerza. El día que esto le pase a Messi o a Cristiano Ronaldo empezaremos a verlo de otra manera. Hace unos meses la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), tan virulenta ahora, decidió retirar la apelación ante el TAS en el caso de cinco futbolistas mexicanos que dieron positivo por clembuterol, ya que la presencia de carne contaminada por ese fármaco es, al parecer, un problema en México. Pero, oiga, usted está juzgando casos, no las políticas alimentarias de los países. Estos organismos supranacionales conforman un club privado con sus propias reglas, que si estuvieran recogidas por la justicia ordinaria acabarían en el Tribunal de Derechos Humanos. Su argumento es muy sencillo: si no te gusta, no juegues. La guerra contra un código injusto debería adoptarla toda Europa, no solo España».
En el deporte hay tramposos, pero, al mismo tiempo, diferentes varas de medir y laboratorios que producen resultados distintos. Se castiga sin pruebas. Un tenista no tiene derecho a dormir y un ciclista acabará llevando su comida en una tartera. Casi un mundo de guiñoles.






