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A los suecos Anders Roslund (1961) y Börge Hellström (1957), pintoresca y exitosa pareja narrativa formada por un periodista y un ex convicto cofundador de una organización benéfica para la reinserción de presos, les gusta investigar la naturaleza del crimen, seguir los cauces de la droga y abordar los dilemas morales asociados a los confidentes y policías infiltrados, pero hay algo que se niegan a revelar: quién se ocupa de qué. Es sus libros, aseguran, no existe el «yo»; sólo el «nosotros». «Es la única pregunta que no contestamos, ya que los dos lo hacemos todo. Las novelas son un 50 % Roslund y un 50 % Hellström», explica un espigado y locuaz Roslund mientras, a su lado, Hellström se presenta entre risas como el «tipo malo».
«La gente confía en nosotros, así que tenemos que ser muy honestos en nuestro trabajo», explican
Es más: al periodista le inquieta que buena parte de la literatura haya renunciado a enredarse en temáticas sociales y políticas. «En los últimos veinte años las novelas que tradicionalmente abordaban estos temas abandonaron el componente más social, como si lo dejasen tirado encima de la mesa, y los autores de novela negra lo recibieron como un auténtico regalo», explica.
La droga en la cárcel
Tanto es así que «Tres segundos» no solo brinda un ritmo trepidante y una constante vaivén entre los bajos fondos de la droga y las comisarías de policía, sino que lo hace para constatar que el tráfico y consumo de drogas en el interior de las cárceles es uno de los grandes males de la sociedad contemporánea. «No solo es que un alto porcentaje de la población reclusa consuma drogas —explican—. El problema es que si mientras están encarcelados están en manos de la química, cuando salgan volverán a comportarse exactamente igual que antes de entrar».
«No puedo entender a todos esos escritores de thriller que aseguran no leer ninguno; ¿por qué los escriben, entonces?»
Y no solo eso, añade Roslund: en según que manos, la mentira puede pasar de ser dañina a tremendamente mortífera. «Necesitas ser un criminal para actuar como un criminal», asegura en relación a esa red de infiltrados que utilizan casi todas las policías europeas.
Discípulos aventajados de Henning Mankell, buenos lectores de novela —«no puedo entender a todos esos escritores de thriller que aseguran no leer ninguno; ¿por qué los escriben, entonces?, se pregunta Roslund— y con alguna que otra curiosa obsesión literaria —Hellström confiesa una admiración especial por Edgar Allan Poe y «El cuervo»—, la pareja de moda de la novela sueca se encuentra ahora mismo en un periodo de parón, aunque ni ellos mismos creen que vaya a durar mucho. «En cuanto nos crucemos con una buena historia, no tendremos más remedio que contarla», sentencian.



