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Columnas / entrevista al exministro de trabajo y empresario

Manuel Pimentel: «España arrastra cultura sindical de confrontación»

Aprobada la reforma laboral, el exministro la ve con buenos ojos y confía en que «salvará muchos puestos de trabajo» hasta ahora sometidos al órdago del todo o nada

Día 13/02/2012
Manuel Pimentel: «España arrastra cultura sindical de confrontación»
bernardo corral

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Esboce su primera impresión ante la reforma laboral del Ejecutivo.

-Es positiva. Se trata de una reforma que va a hacer bien a nuestro mercado de trabajo y que nos acerca a las economías más competitivas de Europa y más flexibles, que son las nórdicas. La letra de la norma se adecúa al interés y al espíritu que había venido manifestando el Gobierno. Hay coherencia entre lo que han dicho y lo que han hecho.

-Cabía la duda entre los 33 días de despido para contratos indefinidos y los 20, que son la media europea...

-Los 33 días es extender a todos lo que ya ocurre en los contratos de fomento del empleo, así que para muchos colectivos ya eran 33, pero es cierto que para otros pasa de 45 a 33. Seguimos teniendo el despido más alto de Europa (con 33 días somos de la media alta), pero también es cierto que las causas del de 20 días se aclaran bastante, y eso va a facilitar mucho que las empresas que tengan dificultades no vayan a la ruina si tienen que acometer un proceso de despido.

-Si es tan claro que la rigidez hasta ahora vigente multiplica el cierre de empresas y la sangría de paro, ¿por qué la numantina resistencia sindical?

-El sindicalismo español en general es un sindicalismo mediterráneo, como el italiano o como el griego, que responde a una cultura más bien de confrontación, basada en el discurso de «mis derechos, tus obligaciones», mientras que el sindicalismo nórdico y las relaciones laborales del norte de Europa han ido avanzando hacia «mis derechos, tus derechos», pero también hacia el interés común de la empresa para que sea competitiva y productiva. La posición de los sindicatos ha de ser de reivindicación, cómo no, pero también de colaboración. Y eso no se ha incorporado aún en el mundo de las relaciones laborales mediterráneas, es un mal que arrastramos. ¿Qué ha pasado en España? Que tenemos tal rigidez del convenio que al final la única vía de flexibilidad que ha habido es el despido, sin que previamente se pudieran cambiar turnos, salarios o movilidad funcional. Al final, la única opción para la empresa era irse a la ruina o despedir. Ahora con estas posibilidades de descuelgue del convenio se pueden salvar muchos puestos de trabajo.

-¿Hace usted estas consideraciones como expolítico o como empresario?

-Pues en triple vía: como ciudadano, como empresario y también como persona con responsabilidad pública.Como ciudadano creo que aporta más que quita, como empresario te apunto que no es la que querían los empresarios, aunque le vean muchos aspectos positivos, y como persona con responsabilidad en la materia estimo que es una reforma equilibrada, positiva y ambiciosa, y por eso estoy satisfecho.

-Haga autocrítica en la parte que le toca. ¿No habría que haber acometido este empeño mucho antes?

-A lo largo de los años se han acometido reformas siempre coyunturales y en nuestra época las hicimos viendo las circunstancias. Nos fue bien, porque se creó mucho empleo, pero no cabe duda de que, vista la tendencia, tuvimos un pecado original. Los sucesivos Gobiernos vimos cómo se deterioraba la productividad a ojos vista y, mientras Europa evolucionaba hacia la flexibilidad, la competitividad, el talento y conceptos muchos más modernos, nosotros continuábamos todavía con una dialéctica antigua.

-Todos coincidimos en que este paso es necesario pero no la panacea. ¿Qué más ha de ocurrir para que salgamos del agujero?

-Sobre todo que vuelva a haber actividad económica. Y eso viene por tres vías: o bien por incentivos públicos (que no va a ser el caso este año), bien porque retorne la confianza y el dinero que está parado circule (lo que puede suceder después del verano), bien siendo más competitivos, para que la balanza comercial se vuelva positiva y aporte.

-Pero con el palo en el IRPF el personal se retrae.

-A corto plazo es evidente que estas medidas son duras, pero eso mismo permite que el Estado se financie más barato porque recuperamos confianza ante los prestamistas europeos. Es la manera de empezar a cerrar el círculo virtuoso. Son medidas que nos quitan plomo de las alas y nos las dejan prestas para volver a volar.

-Cunde en cualquier caso la certeza de que, gobierne quien gobierne, todo esto nos lo dictan desde Bruselas.

-Pertenecemos a un club y hay que cumplir las normas. A partir de ahí, las medidas se pueden tomar de forma vergonzante o con convicción, haciéndolas tuyas. El Gobierno se ha abonado a esa última manera de entenderlo, y eso nos dará más alegrías que penas.

-¿A usted le da alegrías en plena crisis su labor de editor?

-El mundo editorial no es un negocio de márgenes ni económicamente boyante, pero las caídas no están siendo tan fuertes en los libros como en otros sectores. Es además un trabajo muy creativo y estimulante. Me apasiona.

-También escribe. ¿En qué anda enfrascado?

-Estoy a punto de publicar «Decálogo del caminante», donde reflexiono sobre que la vida es un camino y hay quien es consciente de esa realidad mientras otros deambulan como zombis...


Muy personal

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