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DE haberla, ¿dónde está la misma si alguna vez la hubo? El Bloque Nacionalista, la coalición frentista, se fractura, se derrumba. No hay vuelta atrás. Es el nuevo y oscilante movimiento del péndulo, el que busca su ubicación, el que basculó hacia el centro en la etapa quintanista y ahora lo hace hacia la izquierda. Pero siendo un partido asambleario y de participación, donde los resultados de la última asamblea fueron más que fraccionados, ¿por qué no fluyen los mecanismos de aceptación democrática de los resultados o por qué no se tiende la mano a los que o bien se han quedado al margen o bien se les ha dejado al margen deliberadamente?
Las bases han roto los puentes antes que quienes juegan a ser líderes. No se escucha, no se quiere. No se reflexiona ni se tiende la mano. ¿Habría que refundar el Bloque y si fuere así, sobre qué bases, postulados, y premisas ideológicas?
Desde 2009 el divorcio es claro. Los viejos vicios y las inercias de otros tiempos no lo permiten. Las escisiones se agudizan cuando se pierde el poder. Las divisiones, los egos y el sectarismo se avivan en la travesía del desierto. Un nacionalismo partido y dividido perderá poder en Galicia. Eso lo saben todos. Hoy por hoy las cifras electorales de 1997 se antojan inalcanzables. Aquellos dieciocho escaños fueron la cumbre de su representatividad y apoyo popular.
Solo cuando el espacio nacionalista, sea de izquierda sea de centro, fue laminado bien por el BNG, bien por el propio Partido Popular, alcanzó un protagonismo y fuerza inusitada hasta el momento en la política gallega. De la mano de Beiras situó en la arena política gallega al nacionalismo en cotas impensables. Defenestrado voluntaria e involuntariamente por errores propios, Beiras quiere volver pero el tiempo no perdona. Es tan férreo como olvidadizo e implacable. Deberían pensarlo las bases también.
Pero el nacionalismo gallego debería mirar al espejo de otros nacionalismos, sobre todo cuando éstos han dividido la oferta electoral. PNV y EA son un buen ejemplo en los ochenta. Quién gana y quién pierde y qué sucederá con algunas de las alcaldías en Galicia donde gobierna afines a los irmandiños. Primará la coherencia o primará el mantener el poder y la concejalía al precio que fuer. El tiempo lo dirá.
El nacionalismo frentista ha decidido volver a la década de los ochenta. Saben el resultado. La UPG ha ganado, pero amaga con pedir una unidad que no quiere ni le interesa. El desastre electoral, de haberlo, ya no se imputará a todo el Bloque, sino a ellos.




