Sociedad

Sociedad / VADE MECUM

CONTRACORRIENTE

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Día 12/02/2012

«Qué difícil es/ cuando todo baja/ no bajar también!», escribió el poeta en uno de sus Apuntes. Tanta unanimidad, según sean unos u otros; tantos coros voceando canciones sin letra; tanto adoctrinamiento en lugar de información y de opinión; tanto exabrupto como sustituto de la razón; y tanto insulto como medio de expresión, provoca una sensación a mitad de camino entre el rechazo y el cansancio. Y como todo se contagia, excepto los buenos hábitos, a ese nihilismo progresista se le ha sumado, ahora, otro parecido pero por la derecha. Los extremos se tocan. A veces, incluso, suman sus fuerzas en un devastador incendio de la inteligencia que convierte la anécdota en categoría o la marginalidad en indignación.

Hay síntomas alentadores de recuperación estética, como que el poema de Hölderlin Der Archipielagus, con soberbia traducción en hexámetros de Helena Cortés, sea el primero en ventas de poesía según nuestro ABC Cultural; que haya que pedir hora para visitar la exposición del Hermitage en El Prado; que, aunque sea de repente y a causa de su muerte, todo el mundo recuerde a Tapies; que la exposición de Antonio López en el Tyssen haya batido todas las marcas. O entrar en un taxi y escuchar Radio Clásica, o que en el ascensor te dé los buenos días; o acercarse a un templo y encontrarlo limpio y bien iluminado; o que alguien te ayude desinteresadamente; o el placer de encender el televisor y toparte, de repente, con un programa interesante que casi siempre, al margen de los canales temáticos, suele ser en la 2 .

Son pequeños hábitos repetitivos los que configuran una sociedad. Cuando las costumbres se degradan y se convierte la vulgaridad y lo soez en canon, sólo una paciente y persistente modificación gestual puede, al cabo de los años, modificar la vida de esa sociedad. Mientras tanto no es fácil navegar —y escribir— contracorriente.

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