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El primer día del fin de la dictadura

La derrota frente a Inglaterra acabó con el crédito del gobierno militar

Día 12/02/2012

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El general Leopoldo Galtieri apuraba su vaso de Johnny Walker. Estaba satisfecho. Presidente de la Junta Militar, eufemismo para referirse a la dictadura, se había convencido de la victoria. La Operación Rosario estaba en marcha. La madrugada del 1 al 2 de abril se llevaría a cabo. El objetivo era recuperar las Islas Malvinas.

Entrada la noche el capitán Pedro Giachino desembarcaba, acompañado de un grupo de militares de elite, en Puerto Argentino. Acompañado de la mitad de su destacamento, se dirigió a la residencia del Gobernador británico. Una vez rodeada la casa le ordenó al teniente García Quiroga que, en su impecable inglés, «le invitara» a salir. «Hice una bocina con mis manos —declararía más tarde— y con toda mi voz grité: Mr. Hunt (gobernador), somos marines argentinos, la isla está tomada, los vehículos anfibios han desembarcado. Hemos cortado su teléfono y le rogamos que salga de la casa, desarmado y con las manos sobre la cabeza. Le aseguro que su rango y su dignidad, así como la de toda su familia, serán debidamente respetados».Mr. Hunt no salió pero los argentinos sí entraron en la vivienda. Giachino, personalmente, abrió la puerta de una patada. Apenas tuvo tiempo de dar unos pasos cuando cayo herido de muerte. Sería la primera baja de una guerra de la que se cumplen 30 años.

Historiadores y sobrevivientes coinciden en que Las Malvinas fueron el último cartucho de una dictadura moribunda. El pueblo argentino aplaudió el asalto. Miles de personas se manifestaron en la emblemática Plaza de Mayo. Las familias, ricas y pobres, donaban sus joyas para ayudar a ganar la guerra. Los chicos escribían cartas de ánimo en tabletas de chocolate, con destino al frente de batalla, que luego aparecerían en las góndolas de los supermercados. Del entusiasmo inicial se pasó al desencanto, el llanto y la muerte.

La descoordinación entre las fuerzas de tierra, mar y aire provocó escenarios que, si no fueran sangriento, podrían confundirse con actuaciones de Gila. Buena parte de los soldados que estuvieron en primera línea de fuego venían de provincias calurosas, no tenían pertrechos adecuados ni capacitación militar. El frío, el desabastecimiento y la inexperiencia fueron demoledores. La historia se repetía en cualquier rincón del archipiélago. El buque General Belgrano fue hundido fuera del área de exclusión establecida por los británicos. Más de trescientos argentinos murieron porque el equipamiento de salvavidas estaba deteriorado, no había botes suficientes y muchos se los tragaba el mar en cuanto se posaban en el agua. Argentina reconoció que había perdido la guerra el 14 de junio de 1982. Fue el primer día del fin de la dictadura.

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