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La política de Estados Unidos en materia de rehenes internacionales insiste en no pasar por «soluciones» negociadas, que impliquen el pago de rescates u otras concesiones. El argumento de Washington es que someterse a estas extorsiones no hace más que multiplicar el peligro de sus ciudadanos en el extranjero. De hecho, la Administración Obama viene demostrando una creciente inclinación a recurrir al uso de la fuerza militar para liberar rehenes.
Con ayuda de tropas especiales y el meticuloso trabajo de sus servicios de inteligencia, el renovado gusto por este tipo de misiones de alto riesgo trasciende los sucesivos fiascos protagonizados por el Pentágono en los ochenta y los noventa. La «Operación Garra de Águila» de abril de 1980 (el fallido intento ordenado por Carter para rescatar al medio centenar de secuestrados en la embajada americana en Teherán) se saldó con la muerte de ocho militares durante una colisión de helicópteros en un remoto desierto iraní. Junto a los 19 soldados perdidos en Mogadiscio en 1993 durante la incursión ordenada por Bill Clinton para capturar al «señor de la guerra» Mohamed Farah Aidid.
En contraste, a los cuatro meses de la llegada de Obama a la Casa Blanca, comandos Seals de la Navy terminaron definitivamente con el secuestro en aguas de Somalia del carguero «Maersk Alabama». Su capitán, Richard Phillips, se encontraba en poder de cuatro piratas armados. El grupo ocupaba un bote salvavidas remolcado por el destructor «USS Bainbridge». Mientras uno de los delincuentes mantenía conversaciones con los militares americanos, una salva certera fulminó a los otros tres piratas.
Encumbrados tras acabar el pasado mayo con Osama Bin Laden, los Seals se han convertido en herramienta favorita de la Casa Blanca para liberar rehenes. El pasado 24 de enero, estos comandos que deben su nombre al acrónimo Sea, Air, Land (mar, aire y tierra) lograron rescatar a la cooperante Jessica Buchanan y al danés Poul Hagen Thisted, secuestrados hace cuatro meses en Somalia.
Tras localizar a los rehenes en una base pirata en la localidad de Adado, y tener indicios de que la salud de la joven Buchanan se estaba deteriorando, Obama autorizó una visita de los Seals. Miembros del legendario y condecorado Grupo 6 se lanzaron en paracaídas y acabaron con la vida de al menos nueve piratas y rescataron a los dos secuestrados. Según recalcó el presidente Obama, «es otro mensaje al mundo de que Estados Unidos responderá con firmeza contra cualquier amenaza a nuestra gente».
Con estos precedentes, el Departamento de Defensa ha dejado claro que sus mejores militares no se verán afectados por los grandes recortes presupuestarios previstos para el Pentágono, por valor de casi medio billón de dólares durante la próxima década. Para 2012, el Comando de Operaciones Especiales (USSOC) tiene asignados 10.500 millones de dólares, incluidos 3.300 millones para contingencias en el extranjero. Lo que supone un aumento del 7 % con respecto al 2011. Pensando en facilitar este tipo de misiones, la Navy ha decidido reconvertir de forma acelerada uno de sus anticuados buques anfibios —el USS Ponce— en una base flotante para situar a sus comandos al alcance de lugares como Irán, Yemen o Somalia.







