En Vídeo
En imágenes
El contable de Nóos afirma que la Infanta Cristina era ajena a la toma de decisiones
Diego Torres, exsocio de Iñaki Urdangarín e imputado como él en el llamado «caso Nóos», se acogió ayer en Palma a su derecho de no declarar ante el juez del caso, José Castro, ni a responder al fiscal ni al resto de las partes. Idéntica actitud mantuvo su mujer, Ana María Tejeiro, que ya en noviembre había actuado de esa forma.
Medios consultados por ABC explican que quizá hayan preferido guardar silencio hasta que declaren el resto de los implicados, y muy singularmente el Duque de Palma y Marco Antonio y Miguel Tejeiro, hermanos de Ana María. Es posible que sea entonces cuando terminen de perfilar su estrategia de defensa, muy comprometida en el caso de Diego Torres no sólo por la documentación intervenida en los registros de noviembre en Barcelona, sino por su desafortunada declaración de entonces.
«En este asunto —precisan las mismas fuentes—, los dos actores principales son Torres y el Duque de Palma, que además están enfrentados. Es lógico, por tanto, que el primero quiera esperar a ver qué dice su exsocio, quien dada su posición es casi imposible que se niegue a declarar por el reproche social que ello conllevaría. En función de lo que cuente éste, podrá preparar una estrategia más o menos agresiva».
La expectación no decayó
El plato fuerte de la jornada, por tanto, quedó prácticamente en nada —el matrimonio Torres apenas estuvo hora y cuarto en el juzgado—, pero la expectación no decayó. Había interés en lo que pudiese declarar Miguel Tejeiro, el contable de las empresas de la «galaxia Nóos», sobre todo en relación con la estructura financiera creada por orden de Urdangarín y su socio, según los investigadores, para sacar dinero de España de forma opaca.
El testimonio de Tejeiro se prolongó durante más de cuatro horas en las que explicó que sus jefes, Torres y el Duque de Palma, le pidieron que entrase en contacto con un experto en fiscalidad internacional porque tenían posibilidades de negocio en Europa, México y Brasil. Dado que él sólo es un simple contable —al menos, como tal se presentó ayer—, buscó al abogado Salvador Trintxet, experto es estos temas.
Aseguró que lo que se perseguía era «un sistema de fiscalidad reducida, no un paraíso fiscal; se trataba de lograr una optimización fiscal», para lo que incluso justificó como necesarias las empresas pantallas. «No es ilegal», aseguró el contable, haciendo hincapié en sus escasos conocimientos. Así, asesorados por Salvador Trintxet, se constituyó una sociedad en Belice, que a su vez era la propietaria de una empresa de Londres —De Goes Center for Stakeholder Management LTD—, que tenía la propiedad de una firma del mismo nombre comprada en España. El problema, según la acusación, es que las facturas que se cruzaban entre esas sociedades eran falsas y no respondían a ningún servicio prestado.
Miguel Tejeiro se desvinculó de la puesta en marcha de esa estructura financiera. Aseguró no tener preparación para jugar papel alguno, a pesar de que el fiscal le sacó a colación determinados asuntos de su despacho para demostrar que eso no era cierto, y que si había hecho ese tipo de trabajos a esas personas también los haría para la familia. Por último, sobre su presencia en el consejo de dirección el Instituto Nóos aseguró que aunque ahora se arrepiente, cuando se lo propusieron fue para él un honor, ya que iba a estar «con personas como la Infanta Cristina, con Iñaki Urdangarín o el secretario de las infantas».
Cuando se hablaba del accionariado de las empresas, el juez le preguntó si «la esposa» del Duque de Palma tomaba decisiones en Aizóom, donde tenía el 50% de la sociedad. Tejeiro respondió que «en ningún momento», y que de hecho nunca la había visto por ahí. El magistrado le preguntó también por el «emisario real», refiriéndose al conde de Fontau, José Manuerl Romero, y sobre su papel en la separación entre Urdangarín y Torres. Tejeiro dijo desconocerlo.
Ya por la tarde y durante cuatro horas, declaró Marco Antonio Tejeiro, el administrador, cuyo testimonio estuvo centrado en el cruce de facturas entre empresas de Torres y Urdangarín. En su declaración de noviembre, que ratificó ayer, reconoció que se hacían esas prácticas por orden del primero y que lo que se buscaba era pagar menos impuestos. El último en declarar en la jornada fue Salvador Trinxet.




