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El luso ha dicho a sus ayudantes que seguirá y se desmarca de los rumores de su marcha
Hay que conocer a Mourinho. Su estrategia del palo y la zanahoria no solo la utiliza con los jugadores. También la esgrime para calibrar en cada club que le ficha su grado de aceptación. A Benzema le pegó duro y le mimó para sacar el genio que lleva dentro. A Ozil y a Kaká los sentó en el banquillo para que se vieran las caras y despertaran de su mutismo. Ahora se ven las caras en el once. Y a la afición del Real Madrid la ha puesto a prueba para ver su reacción. El público vitoreó su nombre la temporada pasada, cuando se enfrentó dialécticamente al Barcelona. Este año, un sector de los espectadores le silbó por la alineación defensiva presentada frente al Barcelona en la Copa (1-2) y en los prolegómenos del partido frente al Athletic. Surgieron entonces filtraciones interesadas respecto a su posible regreso al fútbol inglés en julio. Las encuestas han expresado que el madridismo desea que continúe, pero le piden que afronte al Barça con armas ofensivas. Hizo caso. Y ha manifestado a sus ayudantes una frase: «Voy a continuar en el Real Madrid». Solo quiere pensar en conquistar la Liga y la Copa de Europa.
Fue el propio entrenador quien alimentó los rumores el 22 de enero al valorar los pitos en su contra vividos en el duelo con el conjunto vasco: «Los silbidos no cambian mi forma de actuar. Puede ser que un día yo pueda responder y se queden tristes ellos». Su frase era la amenaza de un posible adiós, que agravó con este contragolpe en clave interna: «El club sabe que conmigo no tendrá ningún problema». La segunda afirmación era un mensaje velado que Florentino Pérez y José Ángel Sánchez entendieron perfectamente. El contrato entre el técnico y el Real Madrid contiene una cláusula que exige que quien rompa el acuerdo, firmado por cuatro años, deberá abonar 20 millones. Ambas partes potenciaron así la seguridad de que no se traicionarían.
Seguir juntos sin ataduras
Aquellas declaraciones del portugués dejaban su puerta libre, gratuita, en junio. Florentino Pérez no la ha abierto. No quiere que se vaya. Ahora, Mourinho es preso de aquellas palabras. Paga la importancia de pertenecer al Real Madrid. La prensa le pregunta constantemente por sus «ofertas» de futuro y sus duelos dialécticos se endurecen. «¿Por qué no preguntan a sus fuentes, que para mí son imaginarias?». La prensa inglesa le ha atribuido ya cuatro banquillos: el Manchester City, el Tottenham, el retorno al Chelsea y el Manchester United, imposible con Ferguson. No está mal en veinte días.
En esta diatriba, el luso ha dicho a sus colaboradores que continuará. «Hay que centrarse en ganar los dos títulos». Hoy se enfrenta al Levante (C+, 21,30 horas)y ha ensayado este esquema 4-2-3-1: Casillas; Arbeloa, Ramos, Pepe (Carvalho), Coentrao; Granero, Xabi; Kaká (Callejón), Ozil, Cristiano; Higuaín (Benzema).
Nuri Sahin debutará en el presente año si el marcador lo permite. Saldrá en el segundo tiempo. No juega desde el 20 de diciembre, cuando marcó a la Ponferradina su único gol en el Madrid. Suma 364 minutos de competición, repartidos en cinco partidos. «Le faltan minutos», señala el entrenador. Le quiere recuperar para el tramo decisivo de la temporada.






