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En el Teatro Circo Price ha tenido lugar el XX Festival Flamenco Bankia, compuesto de cinco galas. El cartel inaugural lo encendía un solo nombre. Y bastaría para llenar el aforo con días de antelación.
Estrella Morente es actualmente la estrella más fulgurante del género, con una amplísima legión de entregados seguidores de su arte, porque además de su brillante repertorio se entrega a su quehacer gustoso –dicho juanramonianamente- en cuerpo y alma. En la actuación comenzó cantando la debla para abrir una ronda de martinetes. Seguidamente una racha de cantes como la caña arrimándolos a los sones festeros. Luego, tangos en una larga muestra de giros estilísticos. Después, aires malacitanos y de levante y siguriyas.
En la segunda parte de su concierto, se lució extensamente por fiesta, intercalando entre las bulerías un popurrí de fragmentos de canciones españolas: un verdadero acierto festero y cuando parecía que el espectáculo había llegado a su fin y el respetable aplaudía intensamente, Estrella Morente volvió al escenario para ofrecer su homenaje a Carmen Amaya.
Se trata de un buleaero número de flamenquismo fetén: canta, hace son sobre una mesa y baila con brío y donaire de rompe y rasga. Y aquí no acabaría todo, saltó del escenario al patio de butacas y se paseó por el pasillo interpretando un chotis que glosa su nacencia granadina y su crianza madrileña. Estrella Morente vive y brinda a su público un momento cumbre de su trayectoria artística.
Tres gitanos del género
El segundo cartel estuvo compuesto por tres figuras gitanas del género: Rancapino, Manuel Moneo y Manolete, que cosecharon cerradas ovaciones.
El chiclanero Rancapino, veterano en su decir cantaor, dio una lección de entrega total a su arte, peleando los cantes, como se dice en el argot, exprimiendo sus facultades y ofreciendo vibrantemente su jondura y su quejío entrañable, magistralmente acompañado por la sonanta jerezana de Fernando Moreno. Por soleares, alegrías, siguiriyas y bulerías, dejó Rancapino constancia de su sabiduría y de su legítima personalidad interpretativa.
Por su parte, Manuel Moneo, el cantaor de La Plazuela de Jerez, con la excelente guitarra de El Barullo, puso de relieve que atraviesa un buen momento de facultades, interpretando con maestría los cantes grandes: soleares y siguiriyas, para seguidamente decir una tanda de fandangos artísticos y fajarse por bulerías jerezanísimas.
En la tercera y última parte, reapareció ante la afición madrileña el maestro Manolete, junto a su compañía, haciendo bandera de su elegancia bailaora, dando cuerpo y alma a sus ejemplares alegrías, un baile que por su singularidad ya está en los anales del arte flamenco para siempre. Una aportación estilística de Manolete, que deja patente su personalidad y maestría artística.
Cante de Jerez
El cante de Jerez lució con esplendor en la tercera jornada. En una primera parte, dedicada a los cantes sin guitarra, se lucieron La Macanita, Juana la del Pipa y Fernando de la Morena, quien interpretó cabalmente la trillera, cante tan en desuso. Luego, cante a la silla, con La Macanita bordando las malagueñas y las soleares. Le siguieron Fernando de la Morena y Juana al del Pipa, con siguriyas y fandangos, todos ellos con la competente guitarra de Antonio Higuero. Finalmente el trío jerezano dio razón brillante y donosa de las bulerías de su tierra, entre el delirio de los presentes.
José Mercé, en la segunda parte, junto a la sonanta enjundiosa de Diego del Morao, puso una vez más de relieve su maestría y su personalidad interpretativa, primero por soleares y después por siguiriyas y cantiñas, para rematar con su cante y baile sandunguero por bulerías. Ante la cerrada ovación del público, reapareció en escena, para ofrecer su personalísima versión flamenca de «Al alba», la célebre canción de Aute. En resumen, una velada en la que disfrutamos del cante de Jerez, en una muestra inolvidable.
Galardón para Pansequito
Al comienzo del cuarto espectáculo, el veterano cantaor Pansequito recibió el Galardón Flamenco Calle de Alcalá, distinción que anualmente se otorga en reconocimiento de una trayectoria profesional brillante y con cierta vinculación matritense. Y el maestro Pansequito, cerró la sesión con una recital compuesto de alegrías, sus personalísimas soleares, una ristra de tarantos, mas sus peculiares bulerías, mereciendo los fuertes aplausos que le dedicó la concurrencia. Completaron el programa el solista de guitarra Niño Josele, y la cantaora Mariana Cornejo.
El recital de Niño Josele con su grupo, supuso principalmente dar lugar al lucimiento y gran protagonismo del bailaor Juan de Juan. Y Mariana Cornejo, con la maravillosa sonanta de Antonio Carrión -cada día más artista-, llevó a cabo su conocido repertorio de cantiñas, soleares, bulerías y tanguillos.
Y la función de clausura reunió a dos figuras en crecimiento: Arcángel y María Toledo. El cantaor onubense demostró una vez más su personalismo interpretativo con un amplio repertorio. La cantaora y pianista toledana, hizo gala de sus composiciones, ofreciendo su aportación al género.



