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Dos residencias, una iglesia evangélica, un bar y un chiringuito de verano. La antigua estación de ferrocarril de Tudela del Duero es ahora un microclima en el que conviven la vida familiar, el ocio y el culto. Hace más de dos décadas que el tren dejó de pasar por allí. Sin embargo las instalaciones de Adif se mantienen en pie en esta localidad vallisoletana junto a hileras de adosados en un enclave en el que las nuevas construcciones colindan en el siglo XXI con el legado del patrimonio industrial, que ha reconvertido su uso para pasar a ser un pequeño complejo concentrado junto a las vías ya desaparecidas e integrado al núcleo urbano.
Esta residencia es un «poco atípica», reconoce Pedro Sánchez. Trabajador de Renfe, lleva veinte años viviendo en la planta de arriba de esta antigua estación. Los residentes han ido cambiando. Comenzó a compartir «piso» con el antiguo jefe de estación y la guardesa. Ahora es el hijo de ésta su coinquilino. No son los únicos que viven en instalaciones de Adif en esa zona. Y es que forman una pequeña comunidad. A lo largo de la vía se escalonan las casetas que se encontraban junto a los pasos de nivel, que ahora también son viviendas. Los vecinos no siempre respetan el patrimonio. «Hay cristales rotos, basura sobre los antiguos raíles...», y esta situación no sólo se repite allí, según denuncia. Otras instalaciones que él conoce han sido «ocupadas» o «desvalijadas. La particularidad de estos residentes es que conviven con el culto y los clientes del bar del «barrio», que se asienta junto al inmueble. Una asociación micológica, Protección Civil y ahora una Iglesia Evangélica. Éstos son los últimos huéspedes de la planta de abajo. El arrendador es el Ayuntamiento, que cede su espacio a este colectivo, que acude generalmente por la tardes y da movimiento a esta tranquila vivienda. Están de forma temporal, y es que el consistorio pretende de cara a un futuro conservar estas instalaciones para la admiración del patrimonio industrial y de la historia ferroviaria del municipio.
Un bar que gana «tirón»
Junto a la estación, a escasos metros, se conserva en perfectas condiciones el que fuera un almacén de mercancías. Fue remodelado manteniendo su estructura característica y su suelo. Incluso permanecen con sabor a antiguo las puertas que conectaban con el tren para proceder a la carga. «Era una nave vacía» y ahora es un bar que gana tirón con sus muros de evidente testimonio de la historia, recuerda Iván Soria, trabajador en el local.




