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La final de Copa se ha convertido en un nuevo capítulo de la «guerra fría» que Barcelona y Real Madrid mantienen de aquí a la eternidad. La entidad azulgrana pedirá el lunes que el partido, programado inicialmente para el viernes 25 de mayo, se dispute en el Bernabéu con el fin de ganar el título en casa del mayor enemigo. Su segundo objetivo es forzar a los dirigentes blancos a pronunciarse si ceden o no ceden el estadio para el encuentro, conocedores de las obras planificadas en él. El Real Madrid destaca que la polémica es interesada. Recuerda que el club nunca se ha negado a organizar nada, cosa que no puede decir el Barcelona, que rechazó ser sede de la final de 2004, porque la podía ganar el Madrid, y también se negó a disputar las semifinales de la Copa 2003. Los dirigentes de la entidad madrileña subrayan que advirtieron a la Federación Española hace tiempo, antes de la eliminatoria Barcelona-Real Madrid, que el 14 de mayo, un día después de disputar en casa frente al Mallorca la última jornada de Liga, comenzarán una remodelación de veinte mil asientos y ciento cincuenta baños que necesita tres meses de trabajo. El objetivo es que la reforma finalice en agosto, con la previsión de la posible disputa del partido de vuelta de la Supercopa en la capital. Con estos argumentos, espera que la Federación no solicite el coliseo blanco como sede.
Dos millones perdidos
El Real Madrid rechazó precisamente la organización de varios conciertos a partir de mayo, entre ellos el de Coldplay, para abordar el rejuvenecimiento de sus instalaciones. Dejará de ingresar más de dos millones de euros por esa negativa. El grupo británico se buscó otro escenario y tocará en el Calderón el 20 de mayo. En esta tesitura, la Federación valora las opciones del estadio rojiblanco, la Cartuja, Mestalla y el Camp Nou.







