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«Queríamos poner un poco de niebla, pero nos parecía excesivo», bromeaba Paco Camarasa, librero negrociminal por excelencia e ideólogo de BCNegra, poco antes de que el telón del se alzase casi por última vez. Y quizá hubiese sido excesivo, sí, pero habría puesto un mórbido y vistoso broche a una cita que, a falta del tradicional maridaje de mejillones y autores del sábado por la mañana, echó ayer el cierre con una charla entre Anne Perry y el colaborador de ABC Sergi Doria.
Atrás queda una semana larga salpicada de tinta y pólvora en la que el cuerpo del delito se ha manifestado una y otra vez a través de los despiadados asesinos en serie de Jeffery Deaver y Karin Slaughter, los gángsters malcarados de Jake Arnott, el atormentado comisario Ricciardi de Maurizio de Giovanni y, claro, los cadáveres exquisitos de Anne Perry.
La británica, gran dama del crimen victoriano con truculenta biografía a sus espaldas —pasó cinco años en la cárcel tras participar en el asesinato de la madre de una amiga— tiró del hilo de sus dos personajes más célebres, William Monk y Thomas Pitt, lamentó que nadie se hubiese creado una ruta criminal por el Londres victoriano que exaltan sus novelas y confesó que se lo pasa tan bien escribiendo que apenas puede considerar lo suyo un trabajo.
Así, sin niebla ni humedad espesa pero con la capilla del antiguo Hospital de la Santa Creu aportando el elemento gótico, la autora de «Una pérdida razonable» transitó una vez más por su extensa bibliografía de la mano de, como apuntó Doria, unos ambientes en los que casi se puede palpar «la bruma del Támesis y el olor a cerveza reseca y barro» y aseguró que si sus dos últimos títulos están dedicados al tráfico de niños es porque, hoy igual que entonces, sigue siendo un gran problema social.
Roslund y Hellström
En esta BCNegra que, nunca mejor dicho, funde ahora a negro, también ha impartido magisterio Petros Márkaris, figura capital de la novela negra europea que, tras recoger el premio Pepe Carvalho, subrayó la importancia del género negro y criminal a la hora de ayudar a crear en la sociedad un pensamiento crítico sobre la crisis.
En el extremo opuesto —geográficamente hablando, claro—, los suecos Anders Roslund (1961) y Börge Hellström, pintoresca y exitosa pareja narrativa formada por un periodista y un ex convicto cofundador de una organización benéfica para la reinserción de presos, no solo han confirmado que la exitosa saga de novela negra nórdica ya no hay quien la pare, sino que aportan impactante y doloroso veracidad. «Son solo novelas negras, sí, pero a veces tienen más impacto que el periodismo», apuntaban ayer a este diario.




