Columnas

Columnas

Ellas ya nunca estuvieron mejor

El domingo 12 de febrero, con ABC por 1 euro, «Cold Mountain», con Nicole Kidman, Renée Zellweger y Jude Law

Día 11/02/2012

Compartir

La mirada de Anthony Minghella siempre fue melancólica, romántica y aventurera, y del mismo modo que vio la textura cinematográfica en la novela de Michael Ondaatje para hacer «El paciente inglés», adivinó el caudal sugerente en el gran éxito obtenido por la obra de Charles Frazer y su conversión en la película «Cold Mountain». Lo primero que vio en ella, era de libro: su profunda conexión con el espíritu de «La Odisea», su manera humilde de expresar el gran viaje exterior del héroe y su desorientada y sinuosa vuelta a casa y, al tiempo, el gran viaje interior de ese mismo héroe, pero también el de la heroína, la mujer que lo espera tejiendo y destejiendo su propia personalidad en las más terribles circunstancias».

«Cold Mountain» es una película de triángulos superpuestos, que trata de la guerra y de sus precios, del amor y sus valores, y de la amistad y sus provechos… Triángulo que se ve reflejado en la personalidad de Ada, Ruby e Inman, sus tres protagonistas, o también en la trinidad de sus actores, Nicole Kidman, Renée Zellweger y Jude Law. Cada uno tuvo que llenarse el pecho de sentido homérico y de espíritu norteamericano (aquel que surgió transformado tras la guerra civil y su resaca), e irse luego a exhalarlo hasta el corazón de los Carpatos, pues fue en Transilvania donde finalmente encontró Minghella el espejo natural de aquella Carolina del Norte donde ocurren los hechos.

Uno de los atractivos insospechados del filme es ver a Nicole Kidman tejer a esa Penélope y su transformación de pijilla insustancial en hembra de una pieza, gracias a su relación con el personaje que interpreta Zellweger, una especie de Huckleberry Finn con callos en las manos y en el corazón… Ella le enseñará a Ada a tener los pies en la tierra y Ada le enseñará a mantener su cabeza en el aire. Es curioso que Zellweger viniera de un personaje como el que interpretaba en «Chicago» y fuera capaz de entrar y llenar a alguien tan tosco, primitivo y auténtico como la Ruby de esta película.

En cuanto a Jude Law, Inman, más iluso que Ulises, tiene la comprometida misión de trasladarle al espectador el estado de ánimo de quien pierde la guerra y los ideales, pero gana perspectiva, visión y claridad, y a través de él vemos que ni la guerra, ni su causa, ni la pérdida o victoria valen lo que sus recuerdos cada vez más borrosos de Itaca… En su viaje fantasmal por el paisaje después de la batalla (hay momentos de feroz expresionismo como la cruel batalla del Cráter o la de Petersburg), Minghella decide traspasar la línea y concentrar de un modo sutil todos los horrores posibles, y lo convierte en una escena que le regala, para que la sujete como pueda, a Natalie Portman, que interpreta a una joven granjera con un niño enfermo en una zona perdida y a merced de ese deambular inhumano de los despojos de la soldadesca.

Nadie diría de Minghella que es un experto en finales felices, pues tanto su obra como su propia vida lo desmentirían, pero es cierto que en «Cold Mountain» lo intenta casi de un modo desesperado, aunque no con mucho éxito. Lo mejor de ese final, a lo que hay que agarrarse, es que, al menos ellas, a partir de él nunca estuvieron mejor.

  • Compartir

publicidad

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.