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LA irrupción del manifiesto «Más sociedad civil» valenciana aporta un elemento de valor en la difícil situación de la Comunidad. A la espera de comprobar el resultado del llamamiento en una sociedad adormecida, el manifiesto ha despertado comentarios y cierto interés en los llamados foros cívicos, aunque el escaso éxito de iniciativas anteriores obliga a mantener una reserva. La llamada sociedad civil valenciana hace años que es rehén consentida de la política y es posible que prefiera permanecer así antes de asumir el riesgo de una responsabilidad compartida.
Lo curioso es que la sociedad civil fue en otros momentos de gran pujanza. La Exposición Regional de 1909 fue el resultado de la conjunción de fuerzas que protagonizaron tendencias sociales tan diversas como las de Teodoro Llorente o Constantí LLombart. El primero con mentalidad agraria y conservadora solo quería una Renaixença cultural. El segundo, más liberal, apostaba por un contenido más abierto hacia la economía y la sociedad. Todos dentro del valencianismo. Al final la Exposición fue el inicio de la modernización de la economía y el nacimiento de una burguesía liberal. Esa sociedad civil fue la que en 1776 creó la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que más tarde fue fundadora de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad. Y fue la que se rebeló contra el olvido de Madrid tras la riada de 1957. Y la que puso los 25 céntimos por sello para acabar un Plan Sur que no estaba previsto. Como dice Habermans, eran colectivos organizados por un objetivo común, concreto. Pusieron esfuerzo, dedicación y dinero.
Ahora aquella Real Sociedad Económica de Amigos del País no ha sido capaz de gestionar Bancaja para evitar que fuera absorbida por Caja Madrid. O el Banco de Valencia. Aunque continúa montando magníficos ciclos culturales, como el celebrado el 17 de enero, precisamente para hablar de la sociedad civil. Y en el que Santos Julià y Pedro Ruizexplicaron que la sociedad civil se ha dejado subvencionar por el Estado. Nos han convertido en rehenes, y nosotros encantados porque vamos a la opera a mitad de precio. ¿Qué dirían aquellos próceres que construían un teatro entero si querían ver una zarzuela? ¿O un puerto si querían exportar naranjas?
Eso es lo que pidió el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, cuando dirigió un llamamiento a un grupo de empresarios en el puerto de Valencia, para la colaboración entre sociedad civil y Administración para crear infraestructuras. Lo del Corredor Mediterráneo pero poniendo ya los raíles. El problema es que esa sociedad civil está mal acostumbrada y lo que quiere es hacer negocios con la Administración porque, aunque paguen tarde y mal, no hay que calentarse mucho la cabeza. Como mucho cree que su función es colocar a Francisco Ponsen la vicepresidencia de Bankia. Proyecto colectivo cumplido.
Por eso vale la pena recuperar la definición que de sociedad civil hace Alexis de Tocqueville: Conjunto de organizaciones e instituciones cívicas que surgen como mediadores entre los individuos y el Estado. Eso fueron Gregorio Mayans, Cirilo Amorós y, por supuesto, Llorente y LLombart. Crearon un proyecto colectivo, un sueño, una ilusión, que interesó a las valencianos. ¿Quiénes son ahora Llorente, Llombart o Amorós o Martín Domínguez1
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