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En CC han decidido que sus problemas no existen, sino que son culpa de la prensa
Mal día el de ayer para la libertad de expresión en Canarias. Dos noticias indignantes y las dos provenientes de dirigentes del mismo partido, Coalición Canaria, que sacó a relucir su lado más intolerante y un talante muy poco democrático, dentro de una formación política en la que cabe esperar mayor sensatez, que la tienen muchos de sus dirigentes y nos consta. A primera hora de la mañana fue Ricardo Melchior quien buscó censurar la opinión de una redactora del «Canarias 7» por lo que para el presidente del Cabildo de Tenerife resulta ser un pecado imperdonable: haber nacido en la península. Sería bueno en estos momentos conocer el pensamiento de algunos de los que son o han sido colaboradores durante su gestión de más de doce años en el Cabildo y que cuentan con lo que para él es una mancha en su currículum, el no ser canarios de nacimiento.
Hombre, pese a esto, conocedor del mundo e incluso formado en casas de estudio en el extranjero, es poseedor desde hace pocos días de una distinción de la República Francesa —con algunos de sus representantes mantiene una muy estrecha relación que va más allá de lo personal—, de modo que a su declarada admiración por la cultura gala bien podría añadir una canción que en los años sesenta popularizó el inolvidable Georges Brassens, aquella en la que loaba irónicamente a «les imbéciles heureux qui sont nés quelque part», aquellos «imbéciles felices por haber nacido en algún sitio». Toda una declaración de principios contra el pensamiento representado en Chauvin en su propio país de origen, la letra de Brassens retrata con precisión la lacra del nacionalismo en cualquier lugar que se produzca y su intrínseca condición irracional y antimoderna.
Fue ayer también el día en que los consejeros insulares lanzaroteños de CC, el partido de Melchior, decidieron que sus problemas no existen sino que son culpa... de la prensa. Viejo recurso a la desesperada de algunos políticos, en este caso anunciaron con la solemnidad del idiota que vetarían a un medio de comunicación de la isla en nombre de —cuándo no— «los intereses de Lanzarote».
Cuesta entender el ejercicio del periodismo si este no atiende su función crítica del poder. Un periodismo esterilizado y complaciente no tiene ninguna razón de ser. Por ello, y mal que pese a algunos gobernantes acostumbrados a mandar durante demasiado tiempo, los medios independientes siempre estarán ahí, porque siempre habrá medios que no les necesiten y siempre habrá quien no quiera leer noticias precocinadas en gabinetes de prensa, sino las que se forjan al calor de una libertad que ellos intuyen peligrosa.




