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Análisis
JUAN FERNÁNDEZ-MIRANDA
Concluye ya la primera semana parlamentaria con todos en su sitio, es decir, como antes pero al revés, en una curiosa coincidencia cromática entre sillón e ideología. Ahora es Rubalcaba quien pide explicaciones y Rajoy quien las da, por mucho que el flamante secretario general se esfuerce por dar lecciones al nuevo presidente y éste se niegue ya a recibirlas. Pregona Rubalcaba la oposición útil mientras por lo bajini ordena el rechazo total al único acuerdo relevante del zapaterismo: el déficit cero. Es habitual que en los cambios de bancada a más de uno se le vean las vergüenzas, pero en su empeño por señalar la incoherencia del Gobierno al subir los impuestos, a Rubalcaba se le ha destapado el ala izquierda. Se la guardaba don Alfredo desde el verano, cuando el presidente Zapatero fue capaz de llegar a un acuerdo con Rajoy sin pedirle su venia de candidato del PSOE a las elecciones. Aquello le dolió, pero se la tuvo que envainar; ahora —pensará— en mi casa mando yo. Rubalcaba está en su derecho, pero en un solo movimiento —el primero— ha traicionado a Zapatero y ha desvelado que de oposición útil, nada de nada. Se suma así el PSOE a la carrera emprendida por los ministros: demoler el zapaterismo en todos los órdenes. Cada ministro que presenta sus credenciales en el Congreso lo hace con una enmienda a la totalidad: desde Wert a Gallardón, desde Guindos a Montoro, desde Báñez a la vicepresidenta. Con Rubalcaba contribuyendo a la demolición, ¿qué quedará de Zapatero?
Y mientras los ministros actúan como sprinters del Parlamento, Rajoy gobierna como el corredor de fondo. Los ministros, cuando se agoten, cederán el testigo, pero él seguirá ahí. Sabe que su carrera no es la de 100 metros y que sólo llegará al final si permanece ajeno al ruido –mediático y político- y es capaz de mantener el ritmo. En tribuna, llamó al pan, pan, y al vino, vino: este año será malo, las reformas no darán resultado de hoy para mañana, hace falta tiempo. La ciudadanía le ha dado una legislatura; Rubalcaba ya ha dejado claro que paciencia, la justita. Todo es, pues, cuestión de tiempo; y de ritmo.
Por la magnitud de su reto y por su estrategia en carrera, Rajoy recuerda a Emile Zatopek. La locomotora humana fue un autodidacta en la pista y fue el primero en conseguir la triple corona en uns Juegos. Por ello, se ganó el reconocimiento de mejor atleta del siglo XX, pero acabó sus días barriendo las calles de su país natal. Como el atleta checo, Rajoy debe administrar los tiempos si no quiere abandonar. Y en eso va a estar solo. Es la soledad del corredor de fondo.




