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Ian Anderson es uno de los personajes más curiosos, imaginativos y colgateras que ha dado la historia del rock. Y su grupo, Jethro Tull no lo fue ni es lo menos. Siempre fueron por libre, algo mayormente debido al tremendo, poliédrico y polifacético talento lírico y musical de Anderson.
Ian no solo es el mejor flautista de la historia del rock (tampoco ha habido tantos, que ahora recuerde nuestro genial Juan Carlos Molina, de Ñu), sino un artista de esos al que un solo estilo, una sola influencia, se le queda pequeño. Un tipo que tiene en la cabeza y en su flauta toda la música medieval inglesa, todo el apabullante folclore de su tierra natal escocesa, el blues, el rhythm and blues, y todo lo que echen.
Un tipo capaz de llevar al terreno del rock una pieza de Bach, de ser bufón y juglar sobre el escenario, uno de los pocos hombres y nombres del llamado rock progresivo que nunca se puso pesado, y además con una lengua triperina, irreverente y sardónica que llevó a que alguno de sus discos fuera prohibido en España.
«Little Milton»
Pero hay más. En 1972 tuvo una genial ocurrencia. Se inventó un personaje, el niño prodigio Gerald Bostock, que habría nacido en 1964 y que a los ocho añitos ganaba un concurso de poesía y empezaba a ser conocido como «Little Milton», en homenaje al gran poeta creador de «El paraíso perdido», probablemente uno de los diez mejores libros escritos sobre este valle de lágrimas.
Al pobre Bostock se le retiró el galardón por haber soltado un taco en la tele, y una amiguita algo mayor que él le acusó de haberla dejado embarazada. Pero el chaval tuvo tiempo para escribir el poema que luego se convertiría en la letra de «Thick as a brick» obra colosal de Anderson y Jethro Tull.
«Thick as a brick» es uno de los títulos salvables del rock progresivo
Así pues, justamente ahora se cumplen los 40 años de la edición de aquel título mítico y Anderson ha decidido celebrarlo. Para empezar, con una gira de 19 de conciertos, pero eso es casi lo de menos. Porque el flautista del rock and roll ha anunciado que el próximo 3 de abril va a publicar «Thick As A Brick 2», algo así como una secuela del álbum de hace cuatro décadas.
Anderson también ha explicado que en estos cuarenta añazos el niño Bostock se ha convertido en un adulto y el disco cuenta sus pasos en estas décadas. «Las personas nacidas como yo en plena explosión demográfica -dice Ian-, miramos atrás y podemos preguntarnos: ¿Y si hubiera sido un cura, un soldado, un sin techo, un comerciante, un tiburón de las finanzas…? Las nuevas generaciones, hijos de internet y las redes sociales, pueden tener ante sí todo este abanico de posibilidades en un instante». Y para ello, Anderson no se corta, pues lo hace en diecisiete canciones.
La cosa promete. Vuelve a sonar la flauta de Jethro Tull.



