En Vídeo
En imágenes
A la dirección federal de los socialistas le tienen sin cuidado las cuitas de los dirigentes locales canarios
Muy apresuradas parecen algunas de las conclusiones que se extraen desde Canarias tras el congreso nacional del PSOE. Proclives a buscar consecuencias inmediatas en lo que pasa en las Islas, esos puntos de vista pecan de miopía, al no valorar debidamente qué es lo que se votó en Sevilla y qué es lo que los socialistas canarios tendrán que decidir cuando toque —que no será de inmediato— hacerlo en esta región. La elección de los delegados al congreso celebrado el fin de semana pasado no necesariamente debe reflejar cuál es el reparto de fuerzas enfrentadas por conseguir el control de la nave socialista. No hay, que se sepa, un grupo medianamente articulado de opositores a José Miguel Pérez, y mucho menos una verdadera alternativa a su figura, alguien con el predicamento suficiente como para que a su alrededor se articule un discurso de renovación.
Aunque con algunos olvidos a la hora de distribuir los cargos para los suyos en el Gobierno de Canarias, tampoco puede decirse que sean muchas las figuras de peso que hayan sido desplazadas. Las mayores frustraciones aparecen a la hora de analizar las alianzas con Coalición Canaria en islas como La Palma y Tenerife, donde la voluntad mayoritaria era la de pactar con el PP para acabar con el largo dominio de los herederos de API y ATI. Pero bien se sabe que las decisiones políticas a veces caen en el error de atender a lo urgente (conseguir algo de poder para un PSOE en absoluto retroceso en toda España) con olvido de lo importante (la posibilidad de dar un golpe quizá mortal al que ha sido en estas dos islas su enemigo de siempre). Muchas son las cosas que tendrían que cambiar entre los socialistas para que se den las condiciones necesarias para revertir los acuerdos alcanzados en instituciones estratégicas como el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz, por ejemplo. Y de ahí a trasladar un eventual cambio en el gobierno regional si Pérez resulta desplazado de la secretaría general hay un mundo.
Es cierto que un José Miguel Pérez desautorizado por los suyos podría dar algo de inestabilidad al pacto de gobierno con Paulino Rivero. Pero su mejor seguro es que a la dirección federal de los socialistas le tienen sin cuidado las cuitas de los dirigentes locales canarios. Es un partido, pese a sus disensos muchas veces ventilados en público, muy verticalista. Siempre contará más la importancia de gobernar —aunque en un papel muy disminuido y en un lejano segundo plano— en esta comunidad autónoma que atender a las naturales demandas de dirigentes locales que ven las cosas de otra manera y que creen necesaria la expulsión de CC del escenario político, tras cerca de veinte años de protagonismo casi absoluto.




