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En plena cohabitación tormentosa, en el imposible día a día que compartieron como compañeros y enemigos durante el Tour 2009, Lance Armstrong llamó paleto a Alberto Contador. «No sale de su pueblo», deslizó el puñal como quien no quiere la cosa. Contador ni se mordió la lengua ni le permitió ganar aquel Tour. «Eso es porque la gente me quiere», replicó con agudeza, exponiendo a las claras el talante metálico, antipático y soberbio del campeón texano.
Armstrong es una multinacional ambulante: vende pulseritas amarillas a un euro, promueve campañas, tiene una fundación, acumula propiedades inmobiliarias por medio mundo (Niza, Gerona, Houston, Nueva York). Contador maneja gustos menos sofisticados: la caza, los perros, los pájaros, el cine, los amigos... Durante los próximos seis meses, el tiempo que abarca su sanción, podrá dedicarse a estas actividades de recreo. Una nueva vida sin competición y los mismos hábitos de siempre.
«Muchas gracias a todos por vuestras muestras de apoyo, estoy enormemente agradecido. Esto me hará entrenar más duro aún. Querer es poder». Alberto Contador expresó así la gratitud que siente en su cuenta de Twitter. Lo que no mostró fueron sus auténticos pensamientos respecto a la sentencia del TAS, los que sí ha confesado a su círculo íntimo.
Entre otros detalles, a Contador le ha mortificado la prueba del polígrafo. Según dijo en la caótica rueda de prensa del martes, «cinco horas frente al polígrafo dos días antes del Giro de Italia, como si fuera un delincuente». Esa inquina que mueve a todo el colectivo ciclista respecto a la idea que ha calado en parte del público: ciclismo es sinónimo de drogas. Los corredores ya no son héroes, sino sospechosos al borde de la ley.
La dureza del TAS
Otro punto que ha minado la moral del doble ganador del Tour es la sensación de soledad. Cree que los dirigentes políticos, sobre todo los del Gobierno saliente, no han apoyado su causa con la suficiente rotundidad. Lo hizo Zapatero con aquella polémica intervención a destiempo que provocó la reacción fulminante de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en su recurso ante el TAS. No lo hizo Jaime Lissavetzky, exsecretario de Estado del Deporte y vocal en el Comité Ejecutivo de la AMA.
Y, por último, no comprende la dureza en la resolución del TAS. La sentencia genera la duda respecto al positivo. Ni solomillo, ni transfusión. Complementos energéticos como fuente más probable, según el TAS. «La sentencia prueba que no me he dopado». El corredor se ha preguntado con sus íntimos qué hubiera sucedido si el tribunal decide que el consumo de clembuterol fue voluntario.







