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Análisis
PILAR
ORDOVÁS
Hoy se abre al público «Lucian Freud. Portraits» en la National Portrait Gallery de Londres, una exposición que lleva en preparación desde 2008. Para mí es muy especial, ya que empecé a colaborar en el proyecto prácticamente desde entonces, cuando parecía una eternidad. Siempre recuerdo a Lucian decir: «2012 es tan lejano..., yo no estaré». Nunca pareció posible que él no estuviese. En estas últimas semanas, viendo la instalación de los cuadros llegando desde distintos puntos del mundo, la apertura y la cena a los «lenders», el memorial que la familia organizó el lunes entre amigos, familiares y la gente querida en la vida del artista (desde duquesas a su taxista preferido), hemos estado recordando al gran artista y al amigo
al que echamos tanto de menos.
Cuando su última exposición abrió al público en París, en el Museo Pompidou, al entrar en las salas Lucian dijo: «¿Todos estos cuadros los he pintado yo? ¡No me extraña lo cansado que estoy!». La exposición que hoy abre sus puertas tiene el doble de obras que la del Pompidou y es una mirada al artista, al gran retratista, desde sus comienzos hasta el último cuadro que estaba pintado en el caballete el día que murió. Enseña la extraordinaria calidad y fuerza de sus obras. Como el propio Freud dijo: «Quiero que mis cuadros asombren, perturben, seduzcan y convenzan». En los últimos tres días he vivido prácticamente en la National Portrait Gallery. El genio de este gran artista, que hasta el último momento siguió pintando, creando y empujando las barreras, sigue más vivo que nunca en sus lienzos.
PILAR ORDOVÁS TIENE UNA GALERÍA DE ARTE EN LONDRES Y FUE AMIGA DE FREUD








