Arte

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Odilon Redon: ensoñaciones desde el diván

La Fundación Mapfre, en colaboración con el Museo d'Orsay, muestra por primera vez en España su fascinante trabajo

Día 13/02/2012 - 19.23h
MUSEO D'ORSAY

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Siempre estuvo al margen de modas, géneros, escuelas... Expuso con los impresionistas, pero no compartía nada con ellos. Coqueteó con el simbolismo, el naturalismo, el romanticismo, el esoterismo... Este visionario se decantó por la figuración, pero en los límites de la abstracción. Es Odilon Redon, un pintor de culto y uno de los artistas más fascinantes y sugerentes del inicio de la modernidad.

Su original y misterioso universo se despliega en las salas de exposiciones de la Fundación Mapfre en una muestra organizada con el Museo d'Orsay de París —esta es la quinta colaboración entre ambas instituciones—, que ha cedido prácticamente íntegra su colección de este artista. «Toda mi originalidad consiste en
hacer vivir humanamente a seres inverosímiles», decía Redon. Este moderno Doctor Frankenstein es el pintor de la imaginación y el subconsciente. Salidos de un estado de ensueño van desfilando por sus obras extrañísimos personajes que harían las delicias de Tim Burton: gnomos, cíclopes, arañas que sonríen, cabezas cortadas, ángeles caídos, espíritus perversos...

Resulta inquietante su etapa más oscura (Los Negros), en la que plasma, en carboncillos y litografías, los bajos fondos del arte, la literatura, la ciencia... Admiraba a Poe, poeta maldito romántico; y al más negro de los pintores, Goya; y al científico que desentrañó el origen de las especies, Darwin... Los tres le inspiraron series que están presentes en la primera parte de la exposición. Cuelgan sobre paredes rojas en un montaje muy efectista que enfatiza el dramatismo de las obras de Redon. Pero su esquizofrenia creativa le hace dar un respingo en el diván.

Hyde vs Jekyll

Subimos a la primera planta y parece como si otro pintor se hubiera tragado a Odilon Redon. Mister Hyde cede su lugar al Doctor Jekyll. Sobre paredes negras, motivos florales en paneles de gran tamaño donde el color se desborda. Él mismo parecía no entenderlo: «Es una evolución de mi arte, creo. ¿Dónde están ahora aquellos negros?» Pues eso nos preguntamos también nosotros. Freud tendría claro de dónde procede su parte más negra. El padre de Redon le hacía mirar el cielo y ver las nubes. «Me mostraba la aparición de seres extraños, quiméricos, maravillosos», comentaba el pintor.

En 1900 el barón Robert de Domecy encargó a Redon unos paneles para decorar el comedor de su castillo. Los hizo con distintas técnicas: óleo, temple, pastel... Esas obras, que Rodolphe Rapetti, comisario de la muestra, califica como el equivalente de «La Danza», de Matisse, llevaban mucho tiempo en los almacenes del Museo d'Orsay. Gracias a la ayuda de la Fundación Mapfre han sido restauradas y ahora lucen espléndidas.

Tras este oasis lírico, Redon vuelve a sumergirse en su ensoñación pictórica. Seres andróginos cierran los ojos —una búsqueda de la mirada interior— en unas estupendas obras. También le interesan el cristianismo y el esoterismo y eso se plasma en un conjunto de piezas. En «Mujeres al pie del Crucifijo» apenas distinguimos las figuras. Lo mismo que en «Ofelia con capa azul», pura abstracción. Una exquisita pieza, «La Sulamita», parece una estampa japonesa. Cuelga una «Virgen» inacabada (su último trabajo) y un autorretrato en sanguina, que es inédito. Para Guy de Cogeval, presidente del Museo d'Orsay, «esta es la exposición de Redon más bella que he visto nunca».

Gran admirador de España

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