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ES tal la situación de incertidumbre de los socialista de Castilla y León desde la celebración del Congreso Federal que en las últimas 24 horas los secretarios provinciales, unos a viva voz y otros por lo bajini, no han dejado de implorar a Óscar López que compatibilice su nuevo cargo en Ferraz con su actual responsabilidad regional. Conscientes de la situación del partido a tan sólo dos meses del Congreso regional (con dos gestoras provinciales y escasas opciones de relevo en los escaños de las Cortes), consideran que López está obligado a continuar. En realidad, prefieren a un líder regional con escasa presencia en el territorio (algo que por otro lado siempre se le ha reprochado) a cualquier otra opción por descubrir. Y es que si López se marcha, el PSCL sufriría un daño de incalculables dimensiones, tanto en su credibilidad como en el ánimo de los propios socialistas castellano y leoneses a la hora de afrontar el reto de llegar a gobernar alguna vez Castilla y León. Por no hablar de la proyección mediática que supondría contar con el secretario de Organización del PSOE como líder regional, y de que, pese a lo mucho que lo han criticado, está comprobado que el «modelo Cospedal» ha funcionado. A la espera de que López comunique su decisión, el reparto de cargos que ayer anunció Rubalcaba supone cierta esperanza para la militancia del PSCL, pues, al contrario que en otras ocasiones, el nuevo secretario de Organización no ejercerá las labores de portavoz ni tampoco tendrá un mayor protagonismo en la Cámara Alta, donde es senador autonómico. Todo ello pesa a favor de la continuidad, pero la última palabra sólo la tiene él y no debe tardar.




