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Todos los temas estrella de la intervención del ministro Wert tienen repercusión en la cultura regional
LOS ministros del Partido Popular en sus comparecencias han ejecutado tres tipos de estrategias: las claramente perfiladas (Educación, Justicia, Interior), consecuencia de un largo proceso de maduración; las dependientes del marco económico general, que también se encontraban bien definidas, pero que necesitaban del contraste con datos reales, una vez levantadas las alfombras; las de tiralíneas porque se desea acertar y se desconoce cómo está el patio. En este último grupo se incluye la intervención sobre política cultural, donde Wert empezó con un golpe de timón muy fuerte, la aprobación de la Ley Sinde, para proceder, en su intervención en Cortes a esbozar líneas generales que necesitan concreción y desarrollo.
Los temas estrella, todos con repercusión en la cultura regional, son: la elaboración de una Ley de Propiedad Intelectual que buscará compensar de una manera más equitativa a los creadores. La búsqueda de un presupuesto mixto para la Secretaría General, que se fundamentará en financiación publico-privada para la Cultura a través de la Ley del Mecenazgo que, después de la intervención de Wert, parece que se encuentra en una fase menos adelantada de lo que se anunció en un principio; de hecho y con una rapidez inusitada, el Ministerio convocó la semana pasada las subvenciones para el presente ejercicio, de modo que los creadores preparen las solicitudes y no se solivianten ante un futuro incierto. Una orden continuista con las precedentes, que obligará a repensar el tipo y la cuantía de ayudas que sacarán las CCAA, Castilla y León, entre otras, porque algunas proyectaban no publicarlas, escudadas en una decisión restrictiva del gobierno central. También hubo párrafos genéricos para el español como fuente de riqueza y para la tauromaquia como novedad.
A la espera de concreción, se procedió al nombramiento del presidente del Instituto Cervantes y a subrayar su dependencia de Exteriores, aunque coordinado por Lasalle. Tras la negativa de Vargas Llosa, se buscó otro nombre de prestigio, García de la Concha, que contribuirá con su saber y experiencia, aunque necesitará de un dinámico director general para ejecutar las decisiones en pos de vender la «marca España» y de proceder a una profunda renovación de la estructura del Cervantes. El nombramiento, por otra parte, da al traste con las pretensiones del diputado de Valladolid, Miguel Ángel Cortés, que había maniobrado para alcanzar esa presidencia que reclamaba más de un intelectual que de un político.




