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Polvos, lodos y sanciones

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Análisis

Día 07/02/2012

ALBERTO

PALOMAR

La sanción a Alberto Contador era una muerte anunciada. No porque su defensa no haya sido correcta, impecable, sino porque realmente nos hemos situado en un entorno de represión en el que la defensa es imposible. El laudo declara que no sabe la causa de la presencia de clembuterol, pero que su mera presencia —afecte o no al rendimiento por la cuantía detectada— es causa de la máxima sanción.

El derecho penal y el derecho punitivo hace mucho que luchan por no sancionar por la consecuencia, sino por la voluntad y por el efecto. El dopaje lo hemos llevado a unos términos donde la defensa es imposible porque imposible es guardar trozos de los filetes que uno se come cada día o analizarlos antes.

En el dopaje confluyen muchas perspectivas: la jurídica, la ética, la moral, la deportiva, la económica... El resultado final es una pura convención vinculada a los avances de la ciencia y, sobre todo, a las necesidades de un deporte que ha hecho del dopaje el estandarte de su salvación moral. A partir de ahí surgen los que están a un lado o al otro, los que creen y los que no creen, o los que luchan y los que no. Pero todo esto no puede ser «a ciegas». Sin la confluencia de ilegalidad y de mejora del rendimiento, las sustancias no deberían estar en la lista. Cuando están el resultado es el que nos ocupa: la mera presencia conduce a la sanción.

El problema está en replantearnos si la auténtica lucha contra el dopaje exige un ordenamiento imposible, unas exigencias que afectan al marco moderno de la punición, un régimen de sumisión que no asegura la eficacia pero que margina a los críticos (algo tendrán que ocultar).

Como quiera que la reglamentación antidopaje —que tanto se aplaude acríticamente— determina que la regla de responsabilidad es puramente objetiva y que la prueba exculpatoria es literalmente imposible o diabólica, las soluciones y las respuestas no pueden ser otras ni de tenor distinto que la que acabamos de presenciar. Tanta aceptación incondicionada de un marco cada vez más injusto e ineficaz tiene esta consecuencia.

ALBERTO PALOMAR ES TITULAR DE DERECHO ADMINISTRATIVO

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