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La relación entre la Unión Ciclista Internacional (UCI) y la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) no siempre ha sido fluida, y ni siquiera en el caso Contador sus objetivos fueron los mismos en origen, pero todo cambió tras el tweet, hace casi un año, del entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, abogando por la absolución del corredor. Ayer lo volvió a recordar el presidente de la AMA, John Fahey: «Es lamentable que hubiera interferencias políticas en el proceso de primera instancia llevado a cabo en España. Aquello, inevitablemente, nos llevó a la apelación». También el presidente de la UCI, Pat McQuaid, justificó el cambio de rumbo por la injerencia de Zapatero. Pero al principio ocultó el positivo del corredor madrileño, que saltó a la luz por una filtración del laboratorio de Colonia a la prensa alemana.
El exsecretario de Estado para el Deporte, Albert Soler, rechazó la afirmación de Fahey: «Nosotros no interferimos en nada». El ahora diputado del PSC cuestionó la forma en que el TAS ha llevado el proceso. «Tardar tanto en tomar la decisión es una doble sanción».
«Nada sorprende de España»
A finales del verano de 2010 la UCI debió sopesar las consecuencias de poner en la picota, por 50 picogramos de clembuterol, al héroe que iba a rescatar al ciclismo de su marasmo, el deportista con el pasaporte biológico más limpio que una patena: serían devastadoras, con espantada de público y patrocinadores. Pero la AMA siempre tuvo otra visión y no ha ocultado su disgusto porque cree, incluso, que la UCI tapa muchos escándalos. La absolución de la Federación Española de Ciclismo y el famoso tweetconvirtió en aliados a ambos organismos. Había que recurrir al TAS para abatir esta pieza de caza mayor. El nuevo discurso de McQuaid incluyó frases como «nada me sorprende viniendo de España» y «el caso Contador le ha hecho mucho daño al ciclismo».
Este irlandés de 62 años fue cocinero antes que fraile, pero no un cocinero cualquiera: convenció a su paisano Sean Kelly para disputar una carrera en Sudáfrica en una época en la que el COI había prohibido expresamente hacerlo a causa del apartheid. McQuaid y otros ciclistas viajaron a Sudáfrica con nombres falsos, pero fueron descubiertos... y excluidos de los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. Fue presidente de la Federación de Ciclismo de su país antes de ingresar en el aparato burocrático de la UCI. Ascendió el último escalón en 2006 y su gestión no ha estado exenta de polémica. En mayo de 2011 L'Equipereveló que la UCI había elaborado una clasificación de los participantes en el Tour en función del grado de sospecha de dopaje. El nombre de algunos corredores venía acompañado de acotaciones para poder dirigir de forma más precisa los controles. De 0 a 10 en cuanto a nivel de desconfianza, Contador tenía una nota de 5. El español Carlos Barredo y el ucraniano Jaroslav Popovych eran los menos creíbles, con un 10. Aquella lista indignó a los ciclistas, pero McQuaid se disculpó por su filtración a la prensa, no por su elaboración.






